Uso de tecnología y capacidad de concentración

ENFOQUE Por Gustavo Lores (*)

La capacidad de atención ha disminuido drásticamente debido a la irrupción de un entorno digital diseñado para captar clientes mediante recompensas dopaminérgicas. Para muchas personas, cada día se vuelve más fácil sucumbir ante la tentación de sentarse por horas viendo publicaciones o interactuando en redes sociales en lugar de trabajar o hacer cualquier otra actividad pendiente. Poner atención se ha vuelto la tarea más difícil de todas.

Según diversos estudios, la capacidad de poner atención se ha reducido en las últimas décadas. En 2004, la capacidad de atención promedio en cualquier pantalla era de dos minutos y medio. Para 2012 esto había cambiado a un minuto con 15 segundos y en los últimos cinco años el promedio fue de 47 segundos. 

Cada clic, cada notificación y cada "me gusta" son parte de un sistema que estimula la producción de dopamina, la hormona que refuerza comportamientos adictivos y condiciona al cerebro a buscar recompensas inmediatas. Por cada minuto de 2024, en todo el mundo, se subieron cerca de 16.000 videos a TikTok, se reprodujeron 139 millones de reels en Instagram o Facebook y se generaron más de 3 millones de visualizaciones en YouTube. Si a esto se le suma la competencia por la atención del consumidor entre las distintas compañías que ostentan el oligopolio de las redes sociales, se puede comprender por qué es tan difícil dejar de lado el teléfono. 

Los contenidos que elaboran las compañías, los comunity manager, los trols y los influencers son breves, están diseñados para el impacto y apelan a emociones básicas como la sorpresa, la ira o el humor. Logran mantener en el "cliente" un nivel superficial de análisis de la información. 

Aunque la distracción no es nada nuevo, la concentración sí cambia según varios factores, desde la calidad del sueño, el interés en lo que se hace y la ansiedad inherente de la vida diaria. Existen más posibilidades de distracción debido al bombardeo de notificaciones e información inmediata. Internet fue creado para esto. No se trata sólo de que haya algoritmos que capten la atención del usuario, también deben generar la sensación de que debe responder.

Cada vez que alguien pausa lo que está haciendo para revisar el teléfono, el cerebro lo sigue, afectando negativamente la velocidad y la calidad de la actividad principal a corto y a largo plazo. 

Por otra parte, existe un debate sobre la atención y si los estudiantes tienen una capacidad finita de concentrarse. Realmente no existe una buena definición de lo que significa la atención y es muy difícil encontrar un indicador para medirla. Muchos estudios han demostrado que los estudiantes que tienen menor capacidad de atención tienden a obtener peores resultados en los exámenes. En primer lugar, se les dificulta comprometerse profundamente con el contenido académico, así como seguir una clase, leer libros de texto o resolver problemas complejos. 

Esta incapacidad para concentrarse no solo afecta lo académico, sino también la salud mental y el desarrollo de habilidades cognitivas esenciales para el aprendizaje autónomo. Debido a la falta de concentración aumenta su ansiedad, la depresión y el agotamiento. Como el cerebro se está constantemente sobreestimulando se vuelve complicado lograr calmarlo y hacer que se concentre en un tema que puede ser aburrido. 

La calidad de la atención se puede clasificar en a) Focalizada: concentrarse en una sola tarea eliminando las distracciones; b) Sostenida: mantener la atención en una tarea durante un período continuo sin distraerse; c) Selectiva: concentrarse en un estímulo específico mientras se ignoran los estímulos irrelevantes del entorno; d) Alternada: la flexibilidad mental para alternar el enfoque entre diferentes tareas o aspectos de una tarea; e) Dividida: el potencial de concentrarse y responder a múltiples estímulos simultáneamente.

Los estudiantes pasan mucho más tiempo alternando entre distracciones digitales lo que provoca mayor estrés, errores y un rendimiento más lento porque el cerebro debe esforzarse para reorientarse y concentrarse. Los docentes enfrentan cada vez más dificultades para captar y mantener la atención de sus estudiantes. El alumnado tiene problemas para mantenerse enfocados durante más de 10 o 15 minutos seguidos. La sobrecarga de estímulos digitales ha acortado los ciclos de atención, haciendo que métodos tradicionales de enseñanza resulten menos eficaces si no se adaptan a estos nuevos patrones cognitivos.

Para combatir esto, algunos maestros o profesores adoptan un enfoque multifacético con las siguientes características: a) Presentación de información atractiva e interactiva; b) Aprendizaje en pequeños fragmentos; c) Identificación de desencadenantes que ayudan a los estudiantes a reconocer sus distracciones digitales personales y desarrollar estrategias para minimizarlas, como guardar los teléfonos en otra habitación durante el tiempo de estudio; d) Enseñanza a los estudiantes de habilidades que fomenten la atención, como concentrarse en una sola tarea, establecer metas claras y tomar descansos regulares; e) Alejamiento de los dispositivos durante tareas importantes; f) Visualización de metas concretas a corto plazo; g) Trabajo por bloques enfocados en una sola actividad; h) Consumición de contenido más profundo como libros, ensayos o documentales largos, en lugar de reels, videos o presentaciones con diapositivas. 

Si la comunidad académica no propone estrategias para revertir esta tendencia, existe el riesgo de formar generaciones incapaces de sostener el esfuerzo, la concentración o la reflexión profunda, lo que afectará su capacidad de adaptación a contextos complejos en el futuro.

Frente a este panorama, es necesario que las más altas autoridades educativas reconozcan el problema y adopten medidas que fomenten el desarrollo de una atención sostenida. No pidiéndole a los docentes que improvisen soluciones mágicas y puntuales, sino elaborando programas serios de cambio estructural de los modelos educativos y, en especial, de los de formación docente. 

La disminución de la capacidad de atención no es solo un problema individual, sino un fenómeno cultural y social derivado de un entorno digital que privilegia la velocidad, la sobreinformación y la gratificación instantánea. Sin embargo, es posible revertir esta tendencia si las máximas autoridades educativas comprenden cómo funciona la atención, adoptan estrategias de autorregulación y promueven cambios estructurales que favorezcan la concentración, el descanso y el aprendizaje profundo.

Recuperar el foco no solo es posible, sino necesario para proteger la salud mental, la productividad y la conexión con el mundo.

Nota: Este breve resumen toma como base el Artículo "Atención en declive: cómo la tecnología afecta nuestra capacidad de concentración" escrito por la Paulette Delgado, Especialista de Tendencias Educativas, y publicado por el Instituto para el Futuro de la Educación, dependiente del Tecnológico de Monterrey, México, el 13 de agosto de 2025.

(*) Ex Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy

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