Sábado 11 de Julio del 2020



ENFOQUE

Y cantó la miseria su canción de invierno

Por José A. Menéndez

04/05/2020


 “Y cantó la miseria su canción de invierno” (Celedonio Flores 1896- 1947) Si esta justa y descomunal expresión poética, tan llena de contenido y vivencia, hubiera sido pensada para estos tiempos, ninguna otra adjetivación lograría pintar mejor las experiencias que vive el mundo, y en particular el pueblo argentino en este triste comienzo del 2020. La totalidad particulariza su contenido, y podríamos decir que nada exceptúa. Mirando a la distancia y aquí cerca, repite el texto su extensión, su exactitud y riqueza. “Porque vi el desfile de las inclemencias, con mis pobres ojos, llorosos y abiertos”. A continuación, viene la pintura fuerte y rigurosa en el concepto. “Y en la triste pieza, de mis buenos viejos, cantó la pobreza, su canción de invierno”. Con esto solo, ya deberíamos cerrar el tema e irnos inquietos a meditar, ¡qué otra construcción puede mejorar

su calificada realidad y riqueza!. Sin embargo, la tiene,cuando dice: “Me fui modelando en barro, en miseria, en las amarguras que da la pobreza”. “En la rebeldía del que es fuerte y tiene que cruzar los brazos cuando el hambre viene”. Da para tanto su hermenéutica, que podríamos resumir, con holgura, que es un compendio de información, de vivencias y comportamiento de una sociedad, que no logró modificar su injusta manera en siglos de mención (La República de Platón) y reconocimiento de sociólogos contemporáneos. Las penurias e injusticias existieron
siempre, más aún, vienen adosadas, impresas en el corazón de los hombres. Su desarrollo y realismo no conoce límites ni compasión. Organismos internacionales de enorme prestigio, creados con la intención de combatirla, constituyen el mayor peligro, con su política incrementan
su crecimiento. Nadie duda hoy, por ejemplo, la razón verdadera de su existencia. Como las varias veces millonarias sumas de dinero invertidas para el control de la natalidad: léase aborto legal, seguro, y gratuito. La cuestión es que la miseria se vistió de mil maneras a lo largo de la
historia, el hambre fue lo más notorio, pero el resto no se salvó; allí aparece el analfabetismo, la violencia contra la mujer y los niños en sus diferentes expresiones, la infame corrupción y la no menos despreciable impunidad. Por esta época, como todo eso parece poco, se suma una extraña y perversa enfermedad matando gente en todas las latitudes. Su fuerza radica en el desconocimiento y la tristeza que deja a su paso. A esto debemos agregar su frenética difusión por la prensa en una loca carrera de clarividentes, acercando a la población a la confusión y desconcierto, cuando no, a la desesperada búsqueda de algún tipo de salvavidas. Y allí entra todo tipo de curación. ¿A qué viene el título? Nos pusieron a prueba y respondimos de la manera presumida. Cuando la miseria construyó sus cimientes, conocía la debilidad del ser humano, y encontró en
él mismo a su mejor aliado. El resto y resultado era cuestión de tiempo y está a la vista. Pero, olvidar la conciencia, juez inapelable e insobornable, puede constituir el pasaporte a una vida miserable, vacía, sin sentido. ¡Nadie está a salvo de su veredicto!
* Presidente de FUndación Vida - Centro de Atención al Suicida (CAS) Jujuy 




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