ENFOQUE Por Gustavo Lores (*)
Durante muchos años se puso en debate una pregunta incompleta: ¿cómo innovar en la educación? Cuando los especialistas teóricos se refieren a innovación educativa, es común el enfoque en "cómo innovar", sin comprender que reducir la innovación a metodologías, herramientas o tecnologías es mantener las transformaciones en la superficie. Una de las razones por las que esto sucede se debe a que resolver el "cómo", generalmente, suele ser lo más visible, lo más inmediato, lo más barato y lo más sencillo de mostrar como innovación. Las nuevas herramientas, plataformas, la inteligencia artificial, las metodologías activas o las tendencias pedagógicas emergentes capturan rápidamente la atención porque representan cambios tangibles. Es mucho más sencillo incorporar una herramienta tecnológica o modificar una actividad de clase que replantear el propósito educativo completo. Sin embargo, cuando la innovación se limita únicamente al "cómo", termina convirtiéndose en una experiencia fragmentada.
Innovar en la educación desde una perspectiva integral implica un desafío mayor. Requiere tiempo, articulación, diseño curricular, formación docente, una visión institucional y una concepción de Patria capaz de conectar múltiples dimensiones del aprendizaje de manera coherente. En Argentina, algunos cuestionamientos permiten ampliar la visión para reflexionar sobre generar cambios más profundos. Por ejemplo: ¿Lo que se enseña sigue siendo pertinente para el mundo actual y para la vida que enfrentarán los estudiantes? ¿Las experiencias de aprendizaje realmente conectan con los intereses, emociones y contextos de quienes aprenden? ¿Los ambientes, recursos y espacios educativos favorecen la exploración, la experimentación y la creación? ¿El aprendizaje tiene un propósito que trasciende el aula y permite generar impacto en los demás? ¿La descentralización de la educación nacional obligatoria en 1978, 1993 y 1994 -bajo las directivas del Banco Mundial- y el desfinanciamiento de las Universidades Nacionales de Gestión Pública a partir de 2024 -por orden del Fondo Monetario Internacional-, produjeron mejoras en los aprendizajes de los alumnos?
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Estas preguntas orientan a entender porqué innovar en educación no es sólo incorporar algo nuevo, sino que implica replantear todo aquello que da sentido al aprendizaje. Por ello, la verdadera transformación ocurre cuando se decide cuestionar el sistema completo: qué se enseña, cómo se enseña, con qué se enseña, a quiénes se enseña, para qué se enseña y, en especial, cómo se asignan las partidas presupuestarias para enseñar.
En el nuevo modelo federal educativo argentino, las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires administran, financian y gestionan sus escuelas, mientras el Estado nacional fija las políticas generales se desarrolló transfiriendo los establecimientos educativos de los niveles primario, secundario y técnico desde la órbita nacional hacia los gobiernos locales.
La inversión nacional en educación para 2025 en Argentina se proyectó en el 0,88% del Producto Bruto Interno (PBI), lo que representa la cifra más baja de la última década.
La inversión nacional cayó en comparación con el 0,91% de 2024 y el 1,48% registrado en 2023.
En 19 de las 24 provincias la inversión educativa se recortó a partir de 2016. El financiamiento educativo provincial muestra una tendencia general hacia la baja y una pérdida de prioridad frente a otras áreas del gasto público en la última década. Además, 22 jurisdicciones ajustaron, en términos de moneda constante, el presupuesto educativo en 2024 con respecto a 2023 y en 2025 en ralación a 2024.
De hecho, diversos organismos internacionales advierten que muchas innovaciones educativas fracasan por centrarse en intervenciones aisladas y no en transformaciones sistémicas (OECD, 2023; UNESCO, 2021).
Después de años de esfuerzos de innovación educativa se observa que transformar la educación no depende únicamente de incorporar nuevas metodologías o tecnologías, sino de lograr coherencia entre las decisiones pedagógicas, los espacios de aprendizaje, las experiencias que vive la comunidad estudiantil y el propósito formativo que guía todo el proceso. Cuando estas dimensiones se articulan, el aprendizaje comienza a adquirir sentido para quienes lo viven. La verdadera innovación educativa no radica en hacer cosas distintas de manera aislada, sino en lograr que todas las decisiones que configuran el aprendizaje apunten en la misma dirección. Y esa dirección, hoy más que nunca, exige formar personas capaces no sólo de adaptarse al mundo, sino de transformarlo.
La descentralización educativa en Argentina generó una profunda fragmentación del sistema. Lejos de mejorar la calidad general, profundizó las desigualdades regionales debido a la disparidad de recursos económicos entre los distintos distritos del país.
Las provincias con menor recaudación fiscal no logran mantener salarios dignos, infraestructura escolar ni comedores. Se incrementó la distancia en el rendimiento escolar entre jurisdicciones ricas y pobres.
Los docentes enfrentaron estatutos y sueldos diversos según la provincia donde ejercen. El Estado nacional perdió capacidad de control directo sobre los contenidos y lineamientos pedagógicos básicos.
Muchas escuelas quedaron desconectadas de una política federal unificada. Los gobiernos locales absorbieron un gasto rígido y masivo sin recibir siempre una coparticipación federal equitativa.
Como aspectos positivos, se debe mencionar que en unos pocos casos permitió adaptar contenidos curriculares a las realidades culturales de cada zona y facilitó la resolución de problemas cotidianos de mantenimiento a nivel municipal o provincial.
Los efectos a largo plazo de la descentralización no son aún visibles. En la actualidad no parecen existir evidencias claras de que la descentralización haya implicado una mejora en la provisión del servicio educativo en cuanto a mayor calidad, eficiencia y participación, sobre todo, si se tiene presente que fue una política iniciada con poco estudio previo, con una mínima planificación y diseñada por las entidades internacionales de financiamiento
La velocidad con la que se tomó la decisión impidió la sistematicidad y la gradualidad que todo proceso descentralizador debe contener, y en esta línea puede afirmarse que operó como una pesada carga financiera para la mayoría de las provincias del país. Distribuir el gasto oficial en los niveles provinciales de gobierno fue el objetivo central de dicha transformación, situación que se advierte cuando se descubre lo fácilmente delegable que fueron la gestión y el financiamiento directo de la educación; ámbitos en los cuales el Estado nacional no tuvo demasiados reparos en delegar poder y responsabilidad en los actores regionales, mientras que la delegación de poder en áreas como son el control y la regulación de la educación se presentaron como cuestiones "sensibles" a la descentralización. Es posible afirmar que se carece de investigaciones que permitan realizar las evaluaciones pertinentes. La mayoría de los estudios centraron su atención en el análisis del comportamiento y de las estrategias desarrolladas por el nivel central de gobierno, sin indagar demasiado acerca de la actuación de los actores regionales y locales. Sería de gran interés que los estudios sobre el proceso de descentralización educativa comiencen a situar en primer plano las interacciones producidas entre los distintos actores que participan del funcionamiento del sistema educativo.
En lugar de elegir apostar a las distracciones como el uso figurativo de las tecnologías o cambiar las mesas de las aulas de lugar, se debería comenzar por llevar adelante investigaciones que tengan presente el conjunto de actores del sistema, ya que de ellos dependerá el éxito o fracaso del mismo y resolver -o no- el problema educativo actual y, esencialmente, mejorar el futuro del nivel educativo de la ciudadanía argentina.
(*) Ex Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy