De la expulsión de Rattín al VAR: cómo la Selección argentina cambió las reglas del fútbol

Tres episodios en Mundiales que cambiaron al fútbol para siempre.

Buenos Aires, 27 abril (NA) – El fútbol moderno, con sus sensores en la línea de gol y sus cabinas llenas de monitores en el VAR (Video Assistant Referee), no nació de una búsqueda de modernidad, sino del escándalo. Tres momentos clave en la historia de los Mundiales —dos de ellos con la Selección Argentina como protagonista absoluto— marcaron el camino de una FIFA que durante un siglo se resistió a la tecnología y que finalmente debidó modificar sus reglamentos. Y fueron tres jugadores: Antonio Ubaldo Rattín, Diego Armando Maradona y Frank Lampard, los íconos de esas modificaciones.

El 23 de julio de 1966, en el estadio Wembley de Londres, se jugaba el partido por los cuartos de final entre Inglaterra y la Argentina. A los 35 minutos del primer tiempo, una fuerte falta cometida contra el centrodelantero Luis Artime derivó en un reclamo del capitán del seleccionado nacional, Antonio Ubaldo Rattín.

El mediocampista se acercó al árbitro alemán Rudolf Kreitlein para pedir explicaciones y solicitar un intérprete, ya que no comprendía lo que el juez estaba cobrando. Fue en ese intercambio de reclamos donde el colegiado interpretó la actitud del capitán argentino como un insulto o "mirada con mala intención", lo que derivó en la histórica expulsión.

Como capitán, Rattín fue a exigir justicia. Al no haber tarjetas, el diálogo era la única forma de comunicación, pero la barrera del idioma hizo que el árbitro perdiera la paciencia y la insistencia de Rattín por un traductor fue vista como una desobediencia, lo que llevó a Kreitlein a señalar el vestuario.

Curiosamente, el propio Luis Artime fue quien corrió por toda la cancha buscando a alguien que supiera hablar alemán para que mediara entre Rattín y el juez, pero fue en vano. La decisión ya estaba tomada y el fútbol argentino estaba a punto de vivir su "Robo para la Corona".

El juez alegó que Rattín lo había insultado, aunque el árbitro no hablaba castellano ni el jugador alemán. El capitán de Boca pedía un intérprete. Ante la negativa de salir de la cancha, el partido se detuvo durante casi diez minutos. Al irse, Rattín, en un gesto de rebeldía, caminó por el costado de la cancha y luego se sentó en la alfombra roja de la Reina, lo que provocó la desaprobación de los fanáticos ingleses al grito de "animals"(animales).

El seleccionado albiceleste, con diez hombres, resistió hasta que a los 78 minutos, Geoff Hurst, venció a Antonio Roma y marcó el único gol del partido (1-0) que clasificó a los locales.

Rattín siempre sostuvo que el árbitro alemán, Rudolf Kreitlein, no tenía un motivo reglamentario para echarlo. Como no hablaban el mismo idioma, la explicación oficial fue "insultos", algo que el argentino desmentía con lógica: "Le pedí un intérprete porque no le entendía lo que cobraba. Él me miraba mal y yo le señalaba el brazalete de capitán para que llamara a alguien que hablara castellano. De repente, me hace el gesto de que me fuera. Me echó por mi cara, porque no le gustaba cómo lo miraba, porque no podíamos decirnos ni una palabra".

"Yo no me quería ir. Estaba todo armado para que pasaran ellos (Inglaterra). Entonces, cuando por fin empecé a caminar para afuera, vi una alfombra roja que iba desde el palco hasta el campo. Me senté ahí, en la alfombra de la Reina, para que todo el estadio se muriera de rabia. Estuve un rato sentado, descansando, mientras me tiraban de todo de las tribunas", contó.

Antes de entrar al túnel, Rattín protagonizó otro gesto histórico al estrujar el banderín del córner, que tenía la bandera británica:"Pasé por el córner y vi el banderín con la bandera de ellos. Lo agarré con toda la mano y lo apreté bien fuerte, como diciendo: ''Acá estoy yo''. En ese momento me empezaron a llover barras de chocolate y latas. Yo las agarraba, las abría y les hacía señas de que estaban ricas. Estaban furiosos", afirmó. Sin saberlo, Rattín y Ken Aston, entonces Presidente del Comité de Árbitros de la FIFA, que tuvo que bajar al campo de juego para convencer al jugador argentino de que se retirara, cambiaron una de las principales reglas del fútbol.

Esa noche, mientras Aston conducía su auto por Londres de regreso a su casa, se dio cuenta de que el fútbol necesitaba un lenguaje que superara las barreras idiomáticas, el caos era total, la injusticia no se podía ocultar, y entonces mientras iba por la calle Kensington High Street, el parpadeo de un semáforo le dio la respuesta que buscaba, pero la ejecución final de la idea ocurrió en la intimidad de su hogar.

Al llegar a su casa, todavía con la adrenalina del partido, Aston se sentó con su esposa, Hilda Conelley le explicó que necesitaba algo que fuera visualmente indiscutible. Fue ella quien, con una intuición práctica, se convirtió en la "co-inventora" de las tarjetas.

Hilda buscó cartulinas de colores que tenían en la casa. Bajo la luz de la lámpara de la cocina, Ken y su esposa comenzaron a experimentar con los tamaños. El criterio era puramente funcional: Debían ser lo suficientemente grandes para que el público en la última fila del estadio las viera.

Debían ser lo suficientemente pequeñas y flexibles para que el árbitro pudiera llevarlas en el bolsillo de su camisa sin que se cayeran ni le molestaran al correr.

Utilizando una tijera de costura, recortaron las cartulinas hasta que encajaron perfectamente en el bolsillo superior de la chaqueta de Ken. La forma rectangular no fue casual: imitaba la proporción de los carnets de identidad, lo que le daba un aire de autoridad oficial.

Ken Aston no perdió un segundo. Pocos días después del cierre del Mundial ''66, presentó su propuesta ante la FIFA, específicamente a través del International Football Association Board (IFAB), que es el organismo encargado de legislar las reglas del juego.

Su contacto directo fue Sir Stanley Rous, entonces presidente de la FIFA. Aston le explicó que el fútbol ya no podía permitirse incidentes como el de Rattín, donde la barrera del idioma casi provoca la suspensión de un partido de cuartos de final. Rous, que había sido árbitro él mismo, entendió la genialidad de la idea de inmediato: era una solución barata, efectiva y universal.

Aston recomendó que la tarjeta amarilla se guardara en el bolsillo de la camisa (el pecho) y la roja en el bolsillo trasero del pantalón. ¿Por qué? Para que el árbitro, al meter la mano atrás, ya estuviera enviando una señal psicológica de "final del camino" antes de mostrarla.

Ken Aston era maestro de primaria. Sus colegas decían que diseñó las tarjetas como quien diseña un material didáctico para niños que no saben leer: si el color es rojo, la acción se detiene.

La FIFA aprobó el cambio y lo puso a prueba en el Mundial de México 1970. El éxito fue total. No hubo ni una sola expulsión en todo ese torneo (récord histórico), lo que demostró que la simple presencia de la tarjeta amarilla en el bolsillo del juez servía como un freno psicológico para la violencia de los jugadores.

Cuando Ken Aston falleció en 2001, muchos de los obituarios en Inglaterra y el mundo no lo recordaron por sus años como docente, sino como "el hombre que puso el semáforo en el bolsillo del árbitro". Sin el desplante de Rattín en Wembley, ese semáforo quizás nunca habría salido de las calles de Londres CURIOSIDADES DE KEN ASTON Y LAS TARJETAS El primer amonestado de la historia: en el partido inaugural de México 1970 (México vs. Unión Soviética), el soviético Kakhi Asatiani recibió la primera tarjeta amarilla en la historia de los Mundiales. Curiosamente, en ese Mundial no hubo ninguna tarjeta roja, lo que demostró que el sistema de advertencia visual funcionaba para calmar los ánimos.

Otras innovaciones: además de las tarjetas, Aston introdujo el uso de las banderillas amarillas y rojas para los jueces de línea y fue el primero en proponer que el cuarto árbitro tuviera un cartel con los números de los cambios para que el público supiera quién salía y quién entraba.

El "Profesor": Aston era maestro de escuela de profesión, lo que explica su enfoque pedagógico para que las reglas fueran claras para todos.

Esta innovación fue la respuesta directa a la incomunicación que sufrió Rattín. De no ser por ese conflicto entre Argentina e Inglaterra, quizás hoy los árbitros seguirían tratando de explicar expulsiones con gestos y gritos en idiomas que nadie entiende.

MÉXICO DF, 22 DE JUNIO DE 1986: LA “MANO DE DIOS” Veinte años después, en el Estadio Azteca, la astucia argentina desafió la vista humana. Corría el minuto 51 (6 del segundo tiempo) cuando Diego Armando Maradona saltó junto al arquero inglés Peter Shilton.

Diego impactó el balón con su puño izquierdo, enviándolo al fondo de la red. El árbitro tunecino Ali Bennaceur, ubicado a espaldas de la jugada, convalidó el gol. Mientras los jugadores ingleses protestaban desesperados, la televisión repetía para todo el planeta el golpe prohibido. Cuatro minutos más tarde (minuto 55), Maradona anotaría el "Gol del Siglo", cerrando el partido 2-1 (Lineker descontó para Inglaterra).

Este fue el argumento definitivo para los defensores de la tecnología. La pregunta era simple: si mil millones de personas vieron la trampa por TV al instante, ¿por qué el árbitro debe ser el único que no puede verla? SUDÁFRICA, 27 DE JUNIO DE 2010: EL "NO GOL" DE LAMPARD Si 1986 fue el golpe a la astucia, 2010 fue el golpe a la física. El 27 de junio de 2010, en el estadio Free State de Bloemfontein, por los octavos de final de la Copa del Mundo de Sudáfrica, durante los octavos de final entre Alemania e Inglaterra, se produjo el error que Joseph Blatter, entonces presidente de FIFA, no pudo ignorar.

A los 38 minutos del primer tiempo, con el marcador 2-1 a favor de Alemania, el volante inglés Frank Lampard disparó desde afuera del área. La pelota dio en el travesaño, picó 33 centímetros dentro de la línea de gol y salió despedida hacia afuera.

El árbitro uruguayo Jorge Larrionda y su asistente dejaron seguir el juego. Alemania terminaría ganando 4-1.

La indignación global fue tan masiva que el "Ojo de Halcón" (tecnología de línea de gol) se aprobó de inmediato para el Mundial 2014, y se aceleraron los protocolos de lo que hoy conocemos como VAR (Video Assistant Referee), que finalmente debutaría en Rusia 2018.

Hoy, el fútbol es más justo pero menos "pícaro". El VAR es el hijo directo de la confusión de Rattín, del puño de Maradona y del remate de Lampard. Cada vez que el árbitro detiene el juego para revisar una pantalla, está resolviendo una deuda que el fútbol contrajo en aquellas tardes de Wembley, el Azteca y Bloemfontein.

#AgenciaNA

FUENTE:AGENCIA NOTICIAS ARGENTINAS

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