Tres años después, los supervivientes del conflicto de Sudán siguen luchando en Sudán del Sur

“Vivimos en paz, pero otras cosas no están bien”, explica uno de ellos.

Buenos Aires, 19 abril (NA) — Cuando Najaa Al-Fadl huyó del conflicto de Sudán, esperaba que cruzar a Sudán del Sur les ofreciera a sus hijos la oportunidad de reconstruir sus vidas. Sin embargo, tres años después de su estallido a mediados de abril de 2023, la agitación persiste y las esperanzas de seguridad siguen siendo frágiles, según un amplio informe de Xinhua.

Al-Fadl, que ahora trabaja en un pequeño restaurante local, todavía lucha por conseguir comida para su familia, mientras sus hijos siguen sin ir a la escuela y viven en un centro de tránsito en el estado del Alto Nilo.

TESTIMONIOS “Vivimos en paz, pero otras cosas no están bien”, explicó, citando la falta de educación e ingresos estables. Cerca de allí, Nyawal Chok, una sudanesa que regresó de Sudán en 2024, se enfrenta a una realidad similar. En el mismo centro de tránsito, sus hijos muestran signos de hambre y el futuro sigue siendo incierto a medida que continúan llegando nuevas oleadas de familias desplazadas.

El conflicto de Sudán se extendió mucho más allá de sus fronteras, convirtiendo al condado de Renk, en el estado del Alto Nilo, en un punto de entrada crucial para los refugiados que huyen de la violencia y los retornados que regresan a sus hogares. Para muchos, el desplazamiento se convirtió en una lucha prolongada en lugar de un revés temporal, según supo la Agencia Noticias Argentinas.

LOS MÁS AFECTADOS FUERON LOS NIÑOS Los niños fueron los más afectados por la crisis ya que muchos perdieron años de escolarización debido a que sus familias se trasladan entre países o permanecen varadas en centros de tránsito. En Renk, el sistema educativo tiene dificultades para hacer frente al aumento de la matrícula.

“Recibimos una gran cantidad de niños, lo que ejerció una enorme presión sobre las escuelas para absorberlos”, afirmó Alier Kur Chol, director de educación del condado de Renk. En la escuela primaria de Abukadra, que reabrió en febrero tras años de cierre por inseguridad, el hacinamiento es evidente. Puot Biel Nyak, maestro de primaria, comentó que su aula tiene unos 200 alumnos, la mayoría retornados de Sudán. “Es demasiado para una sola clase. No es fácil gestionarlos ni asegurar que todos comprendan las lecciones”, se lamentó Nyak.

La escasez de pupitres, material didáctico y uniformes complica aún más la situación, mientras que muchas familias no pueden costear ni siquiera los requisitos escolares más básicos. A pesar de estos desafíos, Nyak afirmó que los docentes continúan su labor, aunque algunos no reciben remuneración.

Los esfuerzos humanitarios, si bien limitados y frágiles, están en marcha. Con el apoyo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y sus socios, el condado implementó aulas adicionales, sesiones vespertinas y programas de aprendizaje alternativos para aliviar la presión.

Más allá de la educación, los servicios de salud y nutrición también se encuentran bajo una presión creciente. En el Centro de Atención Primaria de Salud de Abukadra, los programas apoyados por UNICEF están tratando a un número cada vez mayor de niños desnutridos. Jansuk Alex, especialista en nutrición de UNICEF en Renk, indicó que el centro está desbordado. “Tenemos varias madres y niños inscritos para recibir tratamiento, incluidos aquellos con desnutrición aguda grave”, declaró Alex a la agencia de noticias Xinhua, cuyo informe toma la Agencia Noticias Argentinas.

Según UNICEF, más de 1200 niños que sufren desnutrición aguda grave reciben tratamiento cada mes en todo el condado, a través de centros de salud y programas de extensión, con el apoyo de trabajadores de la salud, voluntarios comunitarios y redes de madres. Alex advirtió que el apoyo continuo es fundamental: “Si no se mantiene la financiación, la situación de estos niños podría empeorar y algunos podrían no sobrevivir”.

A pesar de los esfuerzos humanitarios constantes, muchas familias afirman que la ayuda sigue siendo insuficiente, lo que las obliga a depender del trabajo informal, el apoyo comunitario y la resiliencia personal para salir adelante. Para Al-Fadl, Chok y muchos otros, la vida en Renk sigue siendo un delicado equilibrio entre seguridad y dificultades, un lugar donde el conflicto puede haber quedado atrás, pero sus consecuencias perduran.

La de Sudán es la mayor crisis de desplazamiento del mundo, que ya forzó a más de 11,6 millones de personas a huir de sus hogares en un contexto de extrema violencia, hambruna y graves violaciones de derechos humanos, advirtió la Fundación Acnur Argentina, que recoge donaciones en Buenos Aires. #AgenciaNA

FUENTE:AGENCIA NOTICIAS ARGENTINAS

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