En una entrevista con Agencia Noticias Argentinas, el bajista de Richard Ashcroft anticipa su libro y habla de The Verve, Paul Weller y Paul McCartney.
Buenos Aires, 10 de enero de 2026 (NA). — Damon Minchella —bajista de Richard Ashcroft, ex Ocean Colour Scene y músico con una trayectoria que incluye desde Paul Weller hasta The Who y un proyecto solidario junto a Paul McCartney— se prepara para sacar su primera autobiografía, You’d Look Good On A Donkey: Britpop, Basslines & Bad(ish) Decisions, prevista para el 20 de enero de 2026.
En una charla distendida con Agencia Noticias Argentinas, el inglés dejó una colección de frases y anécdotas que suenan a backstage británico, pero con guiños inesperados para el lector argentino: Maradona, Boca-River, la “religión” de los shows y la química real (y humana) detrás de los gigantes.
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A Minchella no le interesa posar de “rockstar”: habla como un tipo que ya vio todo, que aprendió a desconfiar del humo y que todavía se sorprende cuando la música se convierte en algo más grande que sus propios músicos.
“Mi teléfono va a estar ardiendo”: la advertencia antes del lanzamiento del libro Minchella cuenta que el empujón para escribir fue doméstico: su esposa —irlandesa, según relata— le repetía que cada vez que había cena con amigos o una salida al pub, él sacaba una historia nueva que ni ella conocía. En un tramo de su vida en el que estuvo instalado en Italia por trámites de ciudadanía y pasaporte, se sentó y arrancó.
Lo más sorprendente, dice, fue la memoria: “empezás con un recuerdo y después caen como fichas de dominó”. Y ahí suelta una frase de vendedor nato (pero sin caretear el marketing): cuando el libro salga, según cómo lo lean los suyos, puede haber incendio. “Si lo leen hasta el final vamos a estar bien; si llegan a cierto capítulo y frenan ahí, mi teléfono va a estar ardiendo”, desliza, con esa mezcla de humor y advertencia que hace que cualquiera quiera saber qué escribió y a quién incomoda.
El título, además, ya viene con historia: nace de una frase de Ian Brown (The Stone Roses), contada por el propio Minchella como un recuerdo de bar londinense. Ese mismo Brown aparece en modo cotidiano: “lo veía en el supermercado”, dice, como si fuera lo más normal del mundo.
Oasis, Noel y Liam: “uno piensa todo; el otro es puro impacto” Minchella sabe que, para el público argentino, Oasis no es una banda: es un idioma. Y cuando le preguntan por los Gallagher, no se va por el cassette.
Su definición de los hermanos es de esas que quedan para titular: * Noel: “piensa mucho”, es “introspectivo”, tiene “muchos ángulos” y “hay que saber cómo entrarle”.
* Liam: “es bang”, directo al centro. “Es como una canilla que no podés cerrar”, dispara, y remata: “y lo amo”.
Cuando le piden un tema favorito de Oasis, no busca el hit obvio: elige “Slide Away”. Y, hablando de la energía actual, sostiene que los shows de esta etapa se sienten más grandes que antes: no solo felicidad, sino euforia. Lo describe casi como un fenómeno colectivo: algo que hoy —según él— escasea.
El regreso de Bonehead: una condición y una vieja cicatriz de Oasis Entre las anécdotas con más olor a backstage, Minchella cuenta una interna que vale oro porque humaniza a todos sin convertirlos en caricaturas.
Dice que, en este regreso de Oasis, fue clave la presencia de Bonehead, a quien menciona con gran afecto, pero que no habría sido algo automático: a Noel le habría tomado tiempo terminar de comprar la idea. Y ahí aparece la figura de Liam como insistencia: “no se hace si no está Bonehead”, relata.
El cuento se vuelve todavía más cinematográfico cuando retrocede a un episodio viejo y áspero: una pelea de aquellos años y un gesto que quedó como símbolo del choque de egos y tensiones. En esa ruptura, recuerda, Bonehead rayó el Aston Martin de Noel con un sacacorchos, antes de irse de Oasis en 1999.
“No confíes en críticas ni sellos”: la lección real del britpop Cuando Minchella vuelve a los 90, no se queda en la nostalgia de peinados y portadas: trae un dato que pinta época. Recuerda una semana de charts que hoy suena imposible: (1) Urban Hymns, (2) Be Here Now, (3) Ocean Colour Scene. Y lo usa para decir algo más grande: ese mundo ya no existe.
La lección que se llevó de ese pico de gloria es simple y filosa: “Confiá en vos. Y no confíes en lo que dicen las reseñas ni en lo que dicen los sellos: es negocio.” Para Minchella, el termómetro real nunca fue la planilla: son los músicos tocando y la gente escuchando. “Si lo hacés por plata, se nota”, sentencia. Y lo explica con una imagen que duele de lo real: esa semana de los 90 en la que el ranking británico fue una postal generacional —Urban Hymns, Be Here Now y Ocean Colour Scene en el podio— hoy “no podría pasar”. “Ahora el número uno sería Taylor Swift y el dos…”, lanza, dejando flotando la idea: el centro del pop cambió de época, de lógica y de velocidad.
Y ahí se suelta con lo que realmente le preocupa: la música nueva cuando se convierte en fórmula. No se corre con el “todo es malo”: aclara que sus hijos le muestran cosas buenísimas, y que le interesa lo auténtico. Pero el “main pop”, dice, lo irrita. “Sabés lo que viene: el drop, la subida de redoblante, el doble estribillo… y una producción aburrida”, dispara.
En su lectura, el negocio empuja a que todo suene parecido. Aun así, rescata excepciones: nombra a Twenty One Pilots como ejemplo de algo que “suena pop” pero tiene canciones y personalidad de verdad. La diferencia, insiste, es simple: cuando es genuino, la gente lo huele.
Ashcroft por dentro: un “jam” de 20 minutos y una idea de libertad Minchella no se vende como “amigo íntimo”, pero sí describe un vínculo de cercanía con Richard Ashcroft. La entrada a su banda, cuenta, fue casi de película indie inglesa: un llamado para “probar” y una sesión mínima que funcionó como prueba definitiva.
Según relata, tocaron un acorde durante 20 minutos sin parar. No hubo show, ni explicación: fue eso… y alcanzó.
Sobre Ashcroft, lo define con un elogio que también desarma mitos: “todos piensan que está loco, pero no”. Y sugiere una forma de trabajar que puede irritar a la industria pero seduce al artista: Richard hace las cosas a su tiempo.
Paul Weller, el maestro exigente, y el club de los cracks De Paul Weller dice que fue escuela: “me hizo ser mejor músico”. Lo describe como alguien tan exigente como motivador: te marca lo que está bien… y enseguida te corre el arco un metro más. “Siempre hay un ‘pero’”, grafica.
Y cuando aparece el espíritu de “Carnation”, la historia se pone linda: Minchella cuenta esa formación como una especie de supergrupo nacido por ganas más que por cálculo, con nombres que al lector argentino le explotan en la cara: Liam y Noel Gallagher, Steve Cradock, Steve White, Paul Weller. Para él, esa es la línea divisoria entre lo vivo y lo armado de oficina.
The Who, los Beatles en casa y un detalle que no se inventa En su relato también aparecen momentos de “¿cómo llegaste ahí?”: tocar con The Who, por ejemplo, aparece como uno de esos llamados que cambian todo.
Y cuando le preguntan por influencias, vuelve a The Beatles y cuenta un dato familiar que parece guionado: su mamá fue a la escuela con George Harrison y, ya con la banda famosa, “llegaban a casa primeras ediciones” de los discos. Su favorito, elige sin dudar, es Revolver: “tiene el golpe”.
En paralelo, su biografía pública confirma esa mezcla de ligas mayores: además de su historia con Ocean Colour Scene y Ashcroft, Minchella figura como parte de Smokin’ Mojo Filters, un proyecto solidario que grabó una versión de “Come Together” en Abbey Road junto a Paul McCartney y Paul Weller, y también registra su paso tocando con The Who.
Maradona arriba de todo: “mi segundo favorito en la historia” El guiño argentino más potente no es musical: es futbolero y emocional. Minchella lo suelta como si estuviera hablando con amigos: “Maradona es la segunda persona favorita que existió. Primero, mi viejo. Después, Diego.” A partir de ahí arma su mapa italiano: abuelo napolitano, amor por Napoli, bronca histórica con Juventus y el folklore de apodos. Y cuando le preguntan por Argentina, pinta el clásico con una claridad que sorprende: Boca como “el pueblo” y River como “alta clase”. Incluso admite que conoce la mística de la Bombonera aunque no haya entrado.
Por qué ese libro puede ser el próximo “backstage” que todos quieren leer Minchella habla como alguien que acumuló décadas de escenas: salas, estadios, egos, amistades, peleas, reconciliaciones, llamadas inesperadas y capítulos que se cierran… o no.
Su autobiografía You’d Look Good On A Donkey sale el 20 de enero de 2026 y, por lo que deja caer en la entrevista, promete algo más tentador que la lista de hazañas: el lado humano del britpop y sus satélites, contado por un bajista que estuvo ahí cuando la “semana imposible” de los charts era real, cuando los Gallagher eran una fuerza de la naturaleza y cuando —sin anuncio, sin glamour— podías terminar en Abbey Road grabando “Come Together” con Paul McCartney y Paul Weller.
FUENTE:AGENCIA NOTICIAS ARGENTINAS