Martes 22 de Enero del 2019



"La Inclusión Escolar dejó de ser sólo un paradigma"

La UNESCO, como otras tantas fuentes, define la educación inclusiva: “… como el proceso de identificar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los estudiantes a través de una mayor participación en los contextos de aprendizaje. Incluye a todos los niños/as del rango de edad apropiado, con la convicción de que es responsabilidad del sistema educarlos, reduciendo la exclusión en la educación...“

27/11/2017


 La UNESCO, como otras tantas fuentes, define la educación inclusiva: “… como el proceso de identificar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los estudiantes a través de una mayor participación en los contextos de aprendizaje. Incluye a todos los niños/as del rango de edad apropiado, con la convicción de que es responsabilidad del sistema educarlos, reduciendo la exclusión en la educación...“

Se basa en el principio de que cada niño/a tiene características, intereses, capacidades y necesidades de aprendizaje distintos y que deben ser los sistemas y programas educativos los que estén diseñados para responder a la amplia diversidad de dichas características y necesidades.
Hoy existen normativas que la garantizan y regulan. 
Pero a pesar de aproximadamente tres décadas de experiencias de integración e inclusión, seguimos transitando un camino que se reconstruye en el andar. Que nos desafía a replantearnos, cada uno desde el rol que le toca, qué podemos aportar para producir y sostener el cambio.
Cambio porque implica romper estructuras que dentro de esta propuesta se transforman en barreras, y son estas barreras las que vulneran los derechos de la persona estudiante.
De estas podríamos nombrar un sinfín. Pero ninguna tendría sentido tratar sin antes romper con la más importante: la actitudinal. La actitud ante la discapacidad, ante lo diferente, ante lo desconocido: la principal muralla.
Nos cuesta mirar lo diferente con naturalidad. Y por consiguiente naturalizar las diferencias.
Una silla de ruedas, una postura corporal extraña, lenguaje poco inteligible, en un alumno ingresando a la escuela de pronto captan la mirada curiosa de alumnos, padres y docentes. Sensaciones diferentes como pena, miedo, angustia, incertidumbre y cuantas más. Cómo reaccionamos es la cuestión; la actitud que tomamos ante eso que desconozco y de pronto me produce, capaz… temor?
Y la respuesta efectiva es: encarar las situaciones con “voluntad”.
No hay barreras que no se puedan traspasar con voluntad. Esa es la llave que abre las puertas del mundo para todas las personas indistintamente de su condición. Con la suma de voluntades construiremos rampas de acceso, adecuaremos los ambientes, experimentaremos propuestas didácticas diversificadas, nos tomaremos el tiempo para mirar y conocer a ese ser que no necesita más que ser reconocido no sólo por sus limitaciones sino por sus capacidades y posibilidades.
Tiene que ver con la calidad de las experiencias que propiciemos; con la forma de apoyar los procesos aprendizaje, los logros personales y la plena participación en la vida de la institución.
La inclusión escolar ya dejó de ser sólo un paradigma, hoy se vive como un proceso del que empiezan a verse frutos. La conciencia de que la escuela y el mundo serán más o menos accesibles según las barreras que nosotros como ciudadanos le pongamos.
La inclusión escolar no es un conjunto de técnicas educativas. Es derecho y justicia social, es equidad, es darle a cada estudiante lo que necesita para arribar a metas compartidas.
De todos depende. Vos desde tu lugar ¿Qué podes aportar?

* Lic. Mariana Gabriela Amaya - Gestión Educativa, Prof. de Educación Especial M.P. 3014. Servicio de Apoyo a la inclusión escolar - A.P.PA.CE.




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