Sábado 23 de Marzo del 2019



MODALIDAD DOMICILIARIA Y HOSPITALARIA

Estudiar durante una enfermedad prolongada

La modalidad de Educación Domiciliaria y Hospitalaria ofrece respuestas a los estudiantes que atraviesan una enfermedad y para atender las necesidades específicas de este segmento de la población garantizando su derecho a la educación.

06/11/2017


 La modalidad de Educación Domiciliaria y Hospitalaria ofrece respuestas a los estudiantes  que atraviesan una enfermedad y para atender las necesidades específicas de este segmento de la población garantizando su derecho a la educación.

Hay numerosas situaciones de enfermedad que impiden a un estudiante asistir a la escuela durante largos períodos. Es el caso por ejemplo de Juan Manuel, de 11 años, quien sufrió un accidente y estará al menos cuatro meses sin poder ir a su escuela en Chubut. Y no importa si se trata de una enfermedad que necesita un tiempo de recuperación corto o varios meses, de una enfermedad crónica que supone ausencias recurrentes, de un accidente de tránsito o de una enfermedad terminal: desde la modalidad de Educación Domiciliaria y Hospitalaria se proporcionan diversos mecanismos para que los estudiantes puedan avanzar en su trayectoria educativa.
Desde el actual enfoque de la modalidad, se prioriza a la persona en situación de aprendizaje más allá de la situación de enfermedad que esté atravesando. El objetivo es que los estudiantes regresen al sistema educativo y que la imposibilidad de trasladarse a la escuela no implique su aislamiento, retraso o desvinculación de la educación formal. «Por eso hablamos de calidad e igualdad: porque ese estudiante, cuando vuelva al aula, tiene que pensar que no ha perdido nada», explican desde la modalidad.
Estos lineamientos apuntan a evitar la deserción escolar y alientan la continuidad de los trayectos educativos individuales. Dado que algunas veces, especialmente en el secundario, los estudiantes que se enferman —y pierden el contacto con sus compañeros— no quieren regresar al aula, también se fomenta que se mantenga el vínculo con el aula y con los otros estudiantes.
En ese sentido, la modalidad promueve una fuerte articulación con la escuela o el colegio al que concurre el estudiante y propone que se mantenga el contacto, «aunque sea solo por un par de días, cuando el médico autoriza a volver a la escuela».

CÓMO FUNCIONA LA MODALIDAD

Hay jurisdicciones que tienen escuelas hospitalarias o edificios destinados al funcionamiento administrativo de la modalidad. Otras solo disponen de servicios que atienden en los hospitales o en los domicilios particulares de los estudiantes. Sin embargo, «el docente es uno solo y debe estar preparado tanto para el contexto domiciliario como para el hospitalario», aclaran desde la modalidad. 
En especial porque los avances en el campo de salud llevaron a la reducción de los tiempos de internación. «Salvo el caso de las enfermedades que requieren una internación más prolongada, en general, el reposo se termina en el domicilio. Y ese estudiante que está un tiempo en el hospital, y después en su casa, tiene que continuar con el mismo docente», explican.
La continuidad escolar de los estudiantes que atraviesan problemas de salud tiene una larga historia en nuestro país y está bastante consolidada en instituciones de nivel primario. Actualmente, se trabaja en su fortalecimiento en el nivel secundario, de mayor complejidad por el número de materias que se enseñan. De acuerdo con las estrategias elegidas por las distintas jurisdicciones, en algunos casos, el estudiante de secundaria es acompañado por los docentes de las materias de mayor carga horaria. En otros casos, el acompañamiento lo hace un tutor generalista que es asesorado por los profesores de las distintas materias. 

¿QUÉ PUEDEN HACER                        LAS FAMILIAS?

Existen dos maneras de solicitar el servicio de Educación Domiciliaria y Hospitalaria. Por un lado, en caso de necesitar una internación prolongada en un hospital, es la misma institución de salud la que se vincula con la modalidad (históricamente, la modalidad surgió dentro del ámbito hospitalario). La otra vía es la institución educativa, pero «a veces sucede que el estudiante comienza a faltar, y hasta que el docente averigua que se trata de un tema de salud, se producen demoras. 
Por eso, es más rápido que los padres o los adultos a cargo avisen al colegio que el chico o la chica van a faltar».
«Si una mamá, un papá, una tía o un abuelo saben que el estudiante tiene que hacer reposo y debe faltar un mes o dos, pueden hacer valer este derecho. Pueden hablar con el docente, el director de la escuela, el supervisor o incluso con la propia modalidad y pedir que se envíe un docente para que el estudiante en cuestión no pierda el ritmo escolar». Eso sí: la única situación de enfermedad que atiende la modalidad es la que impide que el estudiante se traslade por temas de salud.
El requisito es tener un certificado médico que demuestre que el estudiante no puede asistir a la escuela. Luego de avisar a la escuela de que el estudiante va a faltar y de completar la cuestión administrativa (que incluye la presentación del certificado por enfermedad prolongada).

ARTICULACIÓN CON                           LOS DISTINTOS NIVELES 

«Básicamente trabajamos con todo el sistema educativo porque el caso de un estudiante con una situación de enfermedad o de reposo se tiene que manejar con los niveles y con el área de salud», explican desde la dirección de la modalidad. La cantidad de estudiantes es variable y no constituye una matrícula de la modalidad, sino de los distintos niveles a los que se concurre. «El estudiante está dentro del sistema educativo: hoy está en primaria y mañana, en secundaria. Si tiene un problema de salud o una enfermedad que lo acompaña a lo largo de los años, necesita un acompañamiento extra». En ese sentido, se trata de que el docente tenga en cuenta al estudiante y su grupo. Fuente: www.educ.ar




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