Mujeres en ciencias duras: un desafío de muchos años

Según estadísticas elaboradas por el Ministerio de Educación de la Nación, las mujeres son mayoría en las universidades: representan el 58 por ciento de la población estudiantil. Sin embargo, cerca del 83% concentra su elección en ciencias sociales, humanas y de la salud; mientras que sólo el 17% en carreras básicas y aplicadas.

Se conoce como "efecto Matilda" a la invisibilización de las mujeres en las llamadas "ciencias duras", pues históricamente su trabajo se atribuyó a varones en muchas oportunidades. Esto, sumado a los estereotipos que por lo general asocian esos ámbitos a los varones y la falta de información sobre los campos laborales, contribuyeron a la construcción de un escenario socio-histórico por el cual las mujeres se mantienen alejadas de las carreras básicas y aplicadas.

En la última edición especial del informe "Mujeres en el Sistema Universitario Argentino 2019-2020" publicado por la Secretaría de Políticas Universitarias, se desprende que las ciencias sociales, humanas y de la salud son las que acaparan el mayor número de estudiantes femeninas, con 484 mil, 287 mil y 283 mil respectivamente.

Mientras que las ciencias aplicadas aparecen bastante después, en cuarto lugar, con 184 mil jóvenes interesadas en esa área.

La línea decreciente de las mujeres en tecnología

Dentro de las ciencias básicas y aplicadas, las mujeres representan el 37% del total en agronomía, el 31% en física y el 25% en ingeniería. Informática es una de las menos elegidas: las chicas representan sólo el 17% de la matrícula.

Éste es un fenómeno llamativo ya que en sus comienzos era un área con gran cantidad de mujeres. La carrera de Computador Científico de la UBA, al ser la primera del país, permite comparar datos desde 1962 y muestran que en la década del '70 las mujeres constituían el 75% de la matrícula total.

¿Y en las ingenierías?

Aquí, la situación no es muy diferente. No sólo la matrícula femenina es muy baja, sino que además está concentrada en pocas especialidades como ingeniería en alimentos (70%), ambiental (62%) y en recursos naturales (63%). Por el contrario, en ingeniería eléctrica, electromecánica y mecánica representan sólo el 6% del total, ya que son especialidades de las que se suele tener un conocimiento sesgado sobre su amplia salida laboral.

Agronomía: una brecha histórica

En cuanto a la agronomía, si bien la diversificación de este campo ha incrementado la cantidad de ingresantes a estas carreras, aún así el porcentaje de mujeres continúa siendo bajo (36%). En este caso, la brecha de género es histórica: la primera ingeniera agrónoma de la UBA se recibió en 1927 y fue la única mujer entre los 21 graduados de ese año.

Sin embargo, a diferencia de décadas anteriores, en la actualidad esta rama de estudio incluye nuevas posibilidades de trabajo como el turismo rural, la conservación de la biodiversidad, proyectos de parques y jardines, marketing agropecuario, investigación y tecnología agropecuaria, lo que ampliaría las posibilidades laborales al graduarse.

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