Tomás Aranda, la joya que encendió a Boca: fabricó los goles ante Lanús y ya ilusiona como el nuevo gran 10

Con 18 años, el pibe fue la figura en La Fortaleza. Boca venía buscando un conductor; hoy apareció uno.

Buenos Aires, 4 Marzo (NA) – Tomás Aranda no entró para sumar minutos: entró para mandar. En un Boca que venía necesitando una chispa, un cambio de temperatura, el pibe de 18 años fue eso y más: la rompió ante Lanús, fabricó los goles y dejó una sensación que la tribuna detecta rápido cuando es auténtica: la de un futbolista que no juega “a ver qué pasa”, sino que juega para que pase.

Lo que impacta no es solo la técnica —que la tiene— sino la decisión. Aranda juega con esa confianza que no se explica por la edad ni por el contexto. Recibe y no se esconde, pide y no especula, encara y no se apura. Y en un equipo que muchas veces se queda sin ideas, su presencia fue un mensaje: si Boca necesitaba un conductor, hoy apareció uno.

EL PIBE QUE CAMBIÓ EL GUION Hasta que Aranda se metió en el partido, Boca estaba en ese plan repetido: circulación lenta, pocas rupturas, demasiada banda y poca imaginación por dentro. Lanús lo empujaba hacia afuera y le cerraba el pase vertical. Con Aranda en cancha, cambió el mapa: empezó a aparecer el pase filtrado, el toque corto para salir de la presión y el movimiento clásico del enganche: recibir entre líneas y girar.

Eso es lo que lo vuelve distinto. Aranda entiende dónde se juega el fútbol importante: en el metro cuadrado donde te pegan, te enciman y te obligan a pensar rápido. Ahí no alcanza con “ser habilidoso”; hay que tener cabeza. Y el pibe la tiene.

“EL MEJOR DE LAS INFERIORES”, PERO YA CON CARA DE PRIMERA Dentro de Boca venían hablando de él hace tiempo. Mauricio “Chicho” Serna lo definió como “el mejor jugador de las inferiores” y, aunque esa frase suele inflarse, con Aranda no suena exagerada. Su recorrido lo respalda: capitán en Séptima campeona, salto a Reserva, contrato profesional en 2024 y, en 2025, explosión con la 10 en la espalda en un equipo que fue bicampeón. Producción real: goles y asistencias, pero sobre todo influencia.

Con 1,64 y un físico todavía en construcción, lo que hace es usar sus herramientas a favor: se escurre, amaga, toca y se va. Parece frágil, pero es resbaladizo. No es el típico juvenil que necesita que el partido sea “amable”: Aranda se mete en el barro igual.

¿EL PRÓXIMO TEVEZ? NO POR EL PUESTO: POR LA ENERGÍA Compararlo con Tevez por posición sería un error: Carlitos era otra cosa, otro rol. Pero si la comparación es por algo más profundo —personalidad, ascendencia, rebeldía futbolera— entonces se entiende por qué ilusiona. Aranda transmite esa sensación de los que nacieron para jugar en Boca: no se achican, no negocian la pelota, no se apagan cuando el partido aprieta.

Y eso es lo que hoy vio el hincha: un pibe que no parece estar de paso, sino que parece haber llegado para quedarse.

ÚBEDA LO VE, EL HINCHA LO PIDE Y BOCA LO NECESITA Claudio Úbeda ya había dejado una frase que funciona como anticipo: si seguía así, no iba a tardar en ganarse la titularidad. Hoy dio un paso grande en esa dirección. Porque una cosa es entrar bien; otra, ser figura y construir lo más determinante del partido.

Boca está en una etapa donde el equipo, por momentos, se queda sin creatividad. Y cuando un juvenil aparece y resuelve eso con naturalidad, el debate se vuelve inevitable: ¿hasta cuándo va a ser “proyecto” y cuándo va a ser “realidad”? Aranda tiene contrato hasta diciembre de 2029, y en el club lo miran con lógica: llevarlo de a poco para que no saltee etapas. Pero el fútbol no siempre espera. Y Boca menos. Si el pibe sigue así, la ecuación es simple: más minutos, más protagonismo, más responsabilidad.

Hoy, ante Lanús, Tomás Aranda no solo jugó bien. Hoy hizo algo que en Boca vale doble: encendió la ilusión. Y cuando eso pasa, ya no se trata de promesas. Se trata de presente.

#AgenciaNA

FUENTE:AGENCIA NOTICIAS ARGENTINAS

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