El exponencial aumento de residuos electrónicos desperdicia oro, plata y metales críticos, cuya recuperación química crea una industria adaptada al siglo XXI.
Buenos Aires, 13 enero de 2026 (NA) – Las fiebres del oro del siglo XIX hace tiempo que terminaron, pero no significa que desaparecieran los lugares donde encontrarlo: sea con pala, batea, detector de metales y ahora, recuperados de la basura electrónica mediante una sustancia química.
Existe desde hace más de dos siglos una minería recreativa del oro: la pepita más grande jamás encontrada fue descubierta por un aficionado, relevó la agencia Noticias Argentinas.
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En el XXI, se lograron transformar en oro puro las más de 50 millones de toneladas de residuos electrónicos que se generan globalmente cada año a través de tecnología química que evita fundiciones y reduce el impacto ambiental.
Y el volumen podría alcanzar 74 millones de toneladas en 2030, si bien menos del 20 % se recicla correctamente, lo que significa que metales valorados en decenas de miles de millones de euros se pierden cada año.
En ese contexto, una institución británica, conocida durante siglos por acuñar monedas, apuesta ahora por recuperar metales preciosos a partir de residuos electrónicos, integrando sostenibilidad industrial, innovación química y economía circular en un mismo proceso.
El acuerdo con la startup canadiense Excir introduce en el Reino Unido una tecnología inédita basada en química selectiva de alta precisión.
Frente a los métodos tradicionales —fundiciones a temperaturas extremas, alto consumo energético, emisiones asociadas— este proceso actúa a temperatura ambiente: separa los metales valiosos directamente desde las placas de circuitos impresos.
El resultado ha sido contundente: más del 99 % del oro se recupera, con una pureza de 999,9, en cuestión de segundos.
Además de oro, el sistema tiene capacidad para extraer plata, paladio y cobre, todos ellos esenciales para la electrónica, la movilidad eléctrica y las energías renovables.
SUR DE GALES El procesamiento se realiza en las instalaciones de The Royal Mint en el sur de Gales, con lo que evitan el envío de residuos electrónicos a terceros países, donde los controles ambientales y laborales suelen ser más laxos.
Recuperar metales dentro del propio país reduce la dependencia de la minería primaria, muchas veces vinculada a conflictos sociales, degradación ambiental y emisiones elevadas.
Para The Royal Mint, este movimiento no es una ruptura con su pasado, sino una continuidad lógica. Tras más de 1.100 años trabajando con metales, la institución traslada ese conocimiento a un nuevo contexto: la gestión de recursos en un planeta finito.
La apuesta también tiene una dimensión social. Escalar esta tecnología implica nuevas competencias técnicas, empleo cualificado y una cadena de valor alineada con los principios de la economía circular. No es solo reciclaje. Es industria del siglo XXI.
PUERTAS REALES Este tipo de tecnologías abre puertas reales, no teóricas: * Integración del reciclaje avanzado en políticas industriales y climáticas, especialmente en sectores estratégicos como baterías, electrónica y renovables.
* Creación de polos locales de recuperación de materiales críticos, reduciendo dependencias externas.
* Diseño de productos electrónicos pensando en su desmontaje y recuperación, una palanca clave para el ecodiseño.
* Cambio cultural: entender que los residuos electrónicos no son basura, sino reservas urbanas de recursos.
Los residuos electrónicos llevan años creciendo en silencio: móviles olvidados en cajones, portátiles obsoletos, placas base sin destino claro. Constituyen un flujo constante de materiales valiosos que, en la mayoría de los casos, termina quemado, exportado o directamente enterrado.
#AgenciaNA
FUENTE:AGENCIA NOTICIAS ARGENTINAS