ENFOQUE Por Gustavo Lores (*)
El Profeta hebreo Jeremías vivió en Judea entre 650 a.C. y 586 a.C. Fue autor del volumen de la Biblia conocido como el "Libro de Jeremías". En el pasaje 46 del Antiguo Testamento se dirige a los judíos de una de las ciudades de Israel: "Mensaje para Amón: 1. ¿Qué es lo que hacen? ¿Por qué moran los amonitas en las ciudades de los israelitas? ¿No hay acaso israelitas suficientes? ¿No se las di a ellos como herencia? ¿Por qué entonces ustedes, adoradores de Moloc, se han apoderado de Gad y de todas sus ciudades? 2. Por esto los castigaré, dice el Señor, destruyendo su ciudad de Rabá. Esta se convertirá en montón de ruinas y los pueblos aledaños serán incendiados. Entonces vendrá Israel y volverá a tomar de ustedes su tierra. Despojará a quienes la despojaron, dice el Señor."
En Jeremías 49:19 se puede leer: "Vendré como un león que sale de los matorrales del Jordán y atacaré a las ovejas en los pastos. Echaré a Edom de su tierra y nombraré al líder que yo escoja. Pues, ¿quién es como yo y quién puede desafiarme? ¿Qué gobernante puede oponerse a mi voluntad?" Este versículo reafirma la soberanía de Dios sobre todas las naciones.
Dos mil setecientos años después, a principios de 2026, se estima que existen más de 130 conflictos armados activos en el mundo. Otras mediciones apuntan a una cifra histórica superior a 170 conflictos, alcanzando el máximo registro desde la Segunda Guerra Mundial. Estas guerras son más complejas, involucran a más grupos no estatales y duran más tiempo. Aproximadamente sesenta países están actualmente involucrados en guerras o conflictos. África concentra la mayor cantidad de conflictos (28), seguida de Asia (17) y Oriente Medio (10). El número de conflictos se ha duplicado en los últimos 15 años. Los conflictos activos incluyen tanto disputas internacionales como no internacionales, con un alto impacto en la población civil.
La Humanidad está viviendo un radicalismo similar al de sus antepasados, en el que el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica está convencido de que es el único depositario de la "soberanía sobre todas las naciones".
Así como los profetas judíos le asignaron en el pasado a Dios carácter todopoderoso y lo consideraron poseedor de la verdad y del derecho, hoy una buena parte de los jefes de estado del planeta le confieren al Presidente Donald Trump ese carácter divino, con poder absoluto sobre vidas, territorios y creencias de toda la Humanidad. Y Estados Unidos de Norte América posee el armamento y el dinero necesarios y suficientes como para demostrar que su Presidente lo puede ejercer cuando y como quiera.
Mientras la Humanidad atraviesa este escenario trágico, el 4 de marzo de 2025, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución A/RES/79/269, en la que se proclamó el 28 de enero como Día Internacional de la Convivencia Pacífica. Destaca el papel de los Estados Miembros y las partes interesadas en la promoción de la tolerancia, el respeto de la diversidad religiosa y cultural y los derechos humanos. También invita a todos los países, las organizaciones internacionales, la sociedad civil y los medios de comunicación a celebrar el Día Internacional mediante actividades significativas que fomenten una cultura de paz, inclusión, comprensión y solidaridad.
El concepto de "cultura de paz" se articuló formalmente en el Congreso Internacional sobre la Paz en la Mente de los Hombres, celebrado en Costa de Marfil en 1989, aunque la idea en sí se inspiraba en la iniciativa educativa Cultura de Paz, desarrollada en Perú en 1986 y en el Manifiesto de Sevilla sobre la Violencia, adoptado ese mismo año por destacados científicos de todo el mundo. Esta declaración afirmaba que la guerra no es biológicamente inevitable, sino que constituye una invención social. Por consiguiente, "la misma especie que inventó la guerra es capaz de inventar la paz".
Estados Unidos ha puesto recientemente sobre la mesa un nuevo artefacto diplomático con nombre sencillo y ambición enorme: una Junta de Paz que, en palabras de Donald Trump, "podría" acabar sustituyendo a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Un club con invitaciones selectivas. Desde el anuncio oficial, al menos 60 países han recibido una invitación para sumarse a la Junta de Paz. Una decena ya ha aceptado, entre ellos Argentina, Israel, Albania, Marruecos y Hungría. Varios países europeos como Francia, Italia, Suecia o Noruega han rechazado unirse. España, junto con China y Rusia, siguen "estudiando" la invitación.
Donald Trump presidirá la Junta "indefinidamente", acompañado por figuras de su máxima confianza como Jared Kushner, Marco Rubio, Steve Witkoff y el ex primer ministro británico Tony Blair. Según el borrador de los estatutos, solo una votación unánime podría apartarlo del cargo, incluso después de dejar la Casa Blanca en 2029. La acción sobre Gaza sería el punto de partida de la agenda, pero no el límite. La Junta de Paz se presentó como un instrumento para supervisar el fin de la guerra entre Israel y Hamás, pero su propio texto fundacional no menciona ni siquiera la Franja de Gaza. En lugar de eso, amplía su misión a "promover la estabilidad" y garantizar una "paz duradera" en zonas afectadas por conflictos, una formulación lo suficientemente amplia como para ir mucho más allá del Cercano Oriente.
En definitiva, asistimos a la crisis severa de la ONU, que algunos analistas interpretan como una posible "lenta agonía" o necesidad de reforma profunda. Su ineficacia en evitar conflictos, la parálisis de su Consejo de Seguridad, el unilateralismo y los recortes financieros ponen en duda su relevancia actual, aunque sigue siendo el principal foro multilateral. Aprovechando esta oportunidad, surge un nuevo dios, Donald Trump, al que sus "acólitos" proclaman "Emperador de la Paz". Su estrategia para alcanzarla parecería ser exterminar o someter a todos los habitantes de La Tierra que no comparten sus valores ni los de sus simpatizantes.
Hoy parece ser un buen momento para reflexionar sobre esta conmemoración, el Día Internacional de la Coexistencia Pacífica. Desde los gobernantes mesiánicos hasta los medios de comunicación y periodistas comprados por por el poder económico, pasando por nosotros, los ciudadanos que los elegimos con el voto o con el control remoto de la televisión, todos tenemos la oportunidad de hacer lo posible para fomentar la coexistencia pacífica.
(*) Ex Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy