Las apneas del sueño
05 de Diciembre de 2012 | 11:04 hs.Empeoran en invierno
De las muchas afecciones que perturban el dormir de los seres humanos, las llamadas apneas del sueño se cuentan entre las más molestas y a la vez las que más efectos adversos sobre la salud producen.
Este trastorno, que se caracteriza por breves interrupciones de la respiración que suelen durar pocos segundos, pero a veces varios minutos no sólo impide que las personas se recuperen del cansancio diurno, sino que incluso vean aumentado su riesgo de padecer accidentes o afecciones cardiovasculares, entre otros problemas.
El dato novedoso, y a la vez inesperado, es que las apneas del sueño tienden a agravarse durante los meses fríos del año. Como reveló un estudio realizado por investigadores brasileños, en el invierno se incrementa el número de interrupciones (apneas) por noche que sufren quienes padecen esta enfermedad que afecta aproximadamente a una de cada diez personas mayores de 65 años.
A esa conclusión llegaron investigadores de la Universidad Federal de Río Grande del Sur (Brasil), tras evaluar durante 10 años a 7.500 pacientes con apneas que concurrían a una clínica del sueño. Cristiane Maria Cassol y sus colegas relacionaron la gravedad de las apneas de los participantes del estudio con distintos factores climáticos, como la humedad, la temperatura y la contaminación del aire.
Se observó entonces que los pacientes que consultaron en los meses más fríos del año tuvieron más interrupciones respiratorias nocturnas que los que lo hacían en los meses más cálidos. Mientras que en el invierno los pacientes tenían 18 interrupciones respiratorias por hora, en verano padecían unas 15 por hora.
Además, en invierno se diagnosticó una proporción mayor de apneas graves, en las que los pacientes llegan a sufrir más de 30 interrupciones respiratorias por hora durante la noche. “La gravedad escribió la doctora Cassol puede deberse a varias circunstancias, como los trastornos de las vías respiratorias propias del invierno que aumentan la gravedad de los síntomas” de la apnea del sueño.
Sin descanso
reparador
El sueño es una necesidad básica del organismo, según lo afirma la doctora Ada Toledo, especialista en sueño de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria: “Cuando disminuye el tiempo de sueño o éste no resulta reparador aparecen síntomas diurnos como somnolencia, cansancio y también disminución del rendimiento intelectual. Aún más, la alteración de los reflejos se asocia a un incremento de los accidentes, tanto de tráfico como laborales”.
De ahí que las apneas del sueño, que no permiten un descanso reparador del organismo, den como resultado distintos trastornos: “Debido a la excesiva somnolencia diurna, los pacientes que padecen apneas pueden dormirse mientras manejan y están más expuestos a presentar accidentes domésticos y laborales. El síndrome de apneas de sueño también está asociado a la diabetes, la hipertensión arterial (más del 40% de los pacientes con apneas sufren de hipertensión), riesgo aumentado de cardiopatía isquémica (angina de pecho e Infartos) y de accidentes cerebrovasculares (ACV)”, precisó la doctora Toledo.
Si bien existen numerosos síntomas que pueden hacer sospechar que se padece de apneas ronquidos, somnolencia diurna, sequedad en la boca al despertar, dolor de cabeza, entre otros, la forma de diagnosticarlas es la llamada polisomnografía, en la que se evalúan distintos parámetros del paciente durante el dormir.
La polisomnografía explica la especialista argentina, “es un estudio indoloro mediante el cual el médico determinará el diagnóstico e implementará el tratamiento que en la mayoría de los casos supone el descenso de peso, evitar el uso de sedantes o drogas inductoras de sueño, evitar el consumo de bebidas alcohólicas y el uso del llamado CPAP, un equipo que presuriza la vía aérea a través de una máscara, permitiendo que la garganta se expanda evitando su colapso y por lo tanto logra la desaparición de apneas”.
El tratamiento con el CPAP suele ser altamente efectivo: “Se ha demostrado que con una consulta y diagnóstico precoz, el tratamiento funciona con efectividad y logra mejorar la calidad de vida del paciente”, concluyó.
Aerofobia: no hay metáforas
que valgan allá arriba
Viajar en avión es la manera más rápida, eficaz y en algunos casos la única de trasladarse hacia esos destinos soñados a los que se viaja de vacaciones, o por cuestiones familiares, sociales y laborales.
Sin embargo hay personas a las que ese sueño puede transformárseles en una pesadilla rápidamente. En algunos casos, de hecho, la pesadilla ni siquiera empieza al subirse al avión, sino que comienza varios días antes.
Ellos son quienes padecen temor, miedo y fobia a volar. Estas tres sensaciones, que son diferentes en intensidad y severidad, y que pueden inclusive combinarse, se cuentan entre los más frecuentes trastornos de ansiedad, que afectan a personas de ambos sexos y de todas las edades.
“Hay muchas personas que, lejos de disfrutar del vuelo, lo padecen. Por eso hay que buscar la forma de ayudarlos, sobre todo si tenemos en cuenta que muchos de ellos no realizan ningún tratamiento específico”, sostuvo la licenciada Gabriela Martínez Castro, psicóloga, directora del Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA).
Entre las causas que influyen para que una persona no realice un tratamiento para tratar una fobia en particular se cuentan, según esta especialista, la negativa a iniciar un proceso de soporte terapéutico, pero también en algún caso farmacológico, la sensación de que por ser un problema que se tiene sólo al volar, se puede dejar de lado, la sensación de que si sigue viajando, con el tiempo el problema se va a resolver solo y la falta de tiempo. Ésta última es muy fácil de encontrar paradójicamente en las personas que deben viajar con frecuencia.
El viaje empieza antes
“Si bien cada persona es diferente ,al igual que su situación, cuando pensamos en estrategias que puedan ayudar a hacer del viaje en avión un momento más placentero, pero también de los días previos una situación un poco menos caótica, llegamos a la conclusión de que lo mejor, siempre, es estar listo y lo menos estresado posible. Esto quiere decir que hay que preparar el equipaje, los documentos y la plata del viaje con suficiente antelación, que hay que descansar las noches previas y que es importante evitar el alcohol”, enumeró la especialista.
“Otra opción saludable es consumir hidratos de carbono antes del viaje hasta 3 horas antes porque este tipo de alimento disminuye el nivel de ansiedad”, continuó.
Una vez dentro del avión, si las posibilidades lo permiten, es recomendable caminar cada tanto para evitar el llamado “síndrome de la clase turista” (trombosis de los miembros inferiores), pero además para no enfocarse o concentrarse tanto. Para esto, además, es fundamental no mirar por la ventanilla.
“Si fuera posible, también es una buena opción elegir las filas de emergencia para sentarse, porque esas son las más cómodas y espaciosas, y por ende brindan mayor tranquilidad y relajación. También es muy útil llevarse música relajante, libros, revistas o cualquier otro elemento que facilite la distracción”, refirió Martínez Castro.
Por último, la licenciada recomendó tomar mucha agua durante el viaje (aproximadamente un vaso por hora de vuelo), utilizar ropa cómoda y holgada e ir al baño antes de embarcar.
Las causas del miedo
Gracias a los datos extraídos de un relevamiento realizado sobre mil personas, los profesionales de Poder Volar, centro dirigido por el médico psiquiatra Claudio Plá, se sabe que el 40% de las personas afectadas por esta fobia tiene miedo de viajar en avión porque, concretamente, siente temor a que se produzca un accidente en pleno vuelo.
Por otro lado, un 21% de la gente le teme a la posibilidad de que se desarrolle una turbulencia mientras que el despegue, el aterrizaje y los ruidos propios del avión son otros de los factores que más miedo generan en las personas que padecen aerofobia (11, 2 y el 1,4 por ciento, respectivamente).
Otro 2% siente tener temor a que se produzca un problema con el motor, mientras que el 14% de los encuestados expresaron tener “miedo al miedo”.
Más sobre la aerofobia
El trastorno definido como el miedo a volar puede deberse a numerosas causas. Algunas más racionales o relacionadas con la propia experiencia y las emociones, otras un poco menos.
Entre las más frecuentes, se cuentan haber pasado por una experiencia traumática directa o haber escuchado el relato de otra personaaunque también el hecho de padecer claustrofobia debido a que el encierro del avión puede hacer que estas personas se sientan sumamente angustiadas.
Lo mismo ocurre con aquellos que padecen algún otro trastorno de ansiedad, debido a que pueden sentir temor a no poder escapar o bajarse ante una crisis o ataque de pánico.
“También puede ocurrir que tenga miedo a volar una persona que padece otro problema identificado como un trastorno por ansiedad generalizada, que consiste en una preocupación excesiva por situaciones cotidianas de la vida y la anticipación catastrófica por eventos futuros”, afirmó la licenciada Martínez Castro.
“Cabe aclarar que todos sentimos ansiedad, pero ésta debe moverse dentro de determinados parámetros para que sea benévola, porque cuando supera límites normales comienza a ser un problema que deteriora la calidad de vida”, concluyó la especialista.
Beber agua como estrategia
para el descenso de peso
Recomiendan tomar agua potable en lugar de bebidas e infusiones azucaradas, para prevenir el aumento de peso y la obesidad, porque de esa manera se evita la ingesta de calorías sin valor nutricional. Ésta y otras conclusiones acaban de ser publicadas en un documento de la Sociedad Argentina de Nutrición, elaborado por un panel de expertos en hidratación, nutrición, obesidad y deporte, que se reunió para trabajar mancomunadamente en el abordaje integral de la problemática y desarrollar estrategias para mejorar la calidad de la ingesta de líquidos en nuestro país.
“Los argentinos toman una cantidad adecuada de líquido por día;l problema es que, según reveló el estudio HidratAR, apenas el 21 por ciento del líquido diario proviene de agua pura, que es lo mejor para el organismo, pero más de la mitad del líquido ingerido proviene de bebidas e infusiones con azúcar”, señala el médico especialista en nutrición Edgardo Ridner, actual presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición.
El agua no aporta calorías, es la bebida natural. Además, según los nutricionistas, genera una sensación de saciedad que puede ser aprovechada por los que desean bajar de peso. “Tomar agua es perder peso”, revela la médica especialista en nutrición Mónica Katz. De hecho, un estudio realizado en Estados Unidos con 4.755 individuos mostró que los que beben un litro y medio de agua por día y además ingieren una alimentación saludable que contenga frutas, vegetales y lácteos descremados, poseen un gasto energético 9 por ciento mayor (194 kcal/día) que el resto que no bebe ese volumen.
Los resultados de aumentar el consumo de agua pueden ser sorprendentes. “Si una persona tomara 1,5 litro de agua por día, en un año quemaría 17.400 calorías, cifra que causaría una pérdida de 2,5 kg”, afirma Katz, directora de la Carrera de Médico Nutricionista de la Universidad Favaloro. “Dado que aumenta la saciedad, beber agua con gas es inclusive mejor, siempre que una persona no padezca de acidez, úlcera o hernia hiatal”.
Varios mecanismos explican por qué el líquido contribuye al descenso de peso: en primer lugar, señala Katz, el agua ocupa un lugar en el estómago, lo cual produce una sensación de saciedad mecánica. Además, el agua diluye la concentración de sales en la sangre (la osmolaridad), estimula el sistema nervioso simpático, lo que dispara la producción de noradrenalina y, con ella, la degradación de lípidos. En tercer lugar, el agua aumenta la liberación de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor ligado a la sensación de recompensa. Por lo tanto, después de beber agua, el organismo siente menos deseo de ingerir alimentos placenteros con exceso de calorías. Por último, beber agua fría obliga al organismo a invertir energía en calentarla hasta los 37 grados del cuerpo, lo que implica un gasto extra de unas 100 calorías.
“Ante la epidemia de obesidad, tenemos que ser conscientes de que contamos con un recurso económico para contrarrestarla: el agua”, subraya Katz. Su recomendación es tomar dos vasos de agua unos 20 minutos antes de cada comida, para disminuir el hambre y la ingesta de calorías.
El consumo actual de agua pura es insuficiente
Hay una gran oferta de bebidas muy ricas en calorías. Ésa es una de las razones de la ingesta calórica excesiva sin valor nutricional, según un análisis realizado en septiembre de 2011 por el Lic. Sergio Britos, profesor de la Escuela de Nutrición de la Facultad de Medicina de la UBA.
“La población consume una gran cantidad de calorías dispensables con los alimentos y las bebidas, incorporando azúcares y grasas de mala calidad que no son necesarios para nutrirse, pero que generan un aumento de peso”, advierte Britos, quien además dirige la Carrera de Nutrición de la Universidad de La Plata.
Es preocupante el bajo consumo de agua en niños, en contraste con el consumo excesivo de azúcar, especialmente en los niños. “Las gaseosas e infusiones con azúcar aportan el 14% de las calorías que ingieren los alumnos de escuelas bonaerenses. Debemos insistir en que los chicos tomen agua común”, subraya Britos.
“Entre todas las fuentes posibles de bebidas, no menos de 8 vasos debería ser bajo la forma de agua pura, mientras que en términos de bebidas azucaradas, las mismas no deberían superar los 250 ml diarios, el equivalente a un vaso alto”, según el licenciado Britos.
Por su parte, el contenido de sodio en las aguas y bebidas no es preocupante en el contexto de una dieta habitual. Tampoco lo es el contenido de edulcorantes artificiales, en el caso de bebidas con sabor no calóricas. Aun así, es conveniente que las madres se esfuercen en los primeros años de vida por estimular el consumo de agua como bebida de elección en sus hijos.
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