Batman, un oscuro caballero,

05 de Diciembre de 2012 | 11:03 hs.

Violento y con dilemas morales

      
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“Batman: El caballero de la noche asciende” es el último film de la trilogía dirigida por Christopher Nolan, basada en el comic de Frank Miller, “El Caballero oscuro” que significó una revolución en el género de los superhéroes.
Desde el comic, Miller diseñó un superhéroe violento y moralmente complejo, y Nolan, que trabajó en los guiones ha intentado retratar esas disquisiciones éticas del personaje.
En esta película, que se acaba de estrenar en Estados Unidos, donde un hombre disparó indiscriminadamente en el medio de una sala y mató a 12 personas, Batman lleva años desparecido, fugitivo de la justicia al asumir la culpa por la muerte del fiscal Harvey Dent, ocurrida en el filme anterior.
Christian Bale, que ha personificado a Bruce Wayne y a Batman en los tres filmes, decide retomar su papel de salvador de Ciudad Gótica ante la aparición de dos malos: Gatúbela, a cargo de Anne Hattaway, y de Bane, compuesto por Tom Hardy.
Un tercer personaje, Miranda Tate, compuesto por la actriz francesa Marion Cottilard, juega un rol clave ya que se enamora de Bruce Wayne, pero al no lograr su objetivo, decide lanzar una cruzada de delincuentes sobre la ciudad.
El responsable de este grupo de malvivientes es Bane que toma la ciudad con el argumento de luchar contra los gobernantes corruptos, “invita” al pueblo a tomar el control de la ciudad y a gobernarse por sus propios métodos, a la vez que libera a los delicuentes más peligrosos de la cárcel para generar el caos.
Bane busca apoderarse de una central nuclear y convertir el reactor en una bomba atómica para volar la ciudad y sus alrededores.
Además será recordado como el hombre que le “rompe la espalda” a Batman y lo arroja a una prisión ubicada en un pozo.
De allí, el superheroe emergerá para salvar a la ciudad y a la humanidad y para matar a Bane.
Según algunos testimonios recogidos en el cine de Aurora, el joven de 24 años portaba tres armas, vestía un chaleco antibalas y una máscara, lo que podría estar asociado al personaje de Bane.
Este “malo” ha causado controversia en la sociedad estadounidense por la ambigüedad de su rol político que la trama le ha asignado.
El primer grito en el cielo lo pusieron los ultraconservadores republicanos a través del periodista Rush Limbaugh, quien dijo que la película se había lanzado para dañar la candidatura presidencial del postulante de ese partido, Mitch Romney.
Su nombre suena parecido a “Bain”, nombre de la compañía de inversión (Bain Capital) de la que Romney fue directivo desde 1984 hasta 1999.
Para otros, el personaje se mofa y apunta a destruir la credibilidad de las revoluciones de izquierda del continente, en especial la cubana.
Por ejemplo Bane nace en la ficticia República Caribeña de Santa Prisca, en una prisión llamada Peña Dura (“Hard Rock”), situación que guarda mucho parecido con Cuba.
En esa cárcel, Bane sufre todo tipo de torturas y vejaciones, que lo obligan a usar de forma permanente una máscara que le permite respirar, pero además es allí donde desarrolla la musculatura de un patovica y una fuerza sobrehumana.
Es hijo de un revolucionario que muere en esa prisión, y en la película dirigida por Christopher Nolan, cuando derriban al gobierno de Ciudad Gotica, pronuncia un poderoso discurso contra los funcionarios corruptos.

“Stravaganza” de Flavio Mendoza
se estrenó en Buenos Aires
Por Pedro Fernández Mouján. El coreógrafo y bailarín Flavio Mendoza estrenó en Buenos Aires su espectáculo “Stravaganza”, que viene de una exitosa temporada en Carlos Paz y en el que propone un género extraño que mezcla arbitraria y desordenadamente el impacto tecnológico, la destreza física, los números musicales, el humor, el brillo de las vestimentas, el aquadance y las artes circenses. Con las figuras de la bella y delgada Cinthia Fernández, la bailarina Belén Pouchan, la enana Noelia Pompa, los cómicos Maxi de la Cruz y Mauricio Jortack y el dúo casi clownesco que componen Christian Barbieri y Carlos Guedes más una compañía de bailarines, Mendoza puso en acto una amanerada versión retro-futurista de la tradicional revista porteña que ni siquiera produce perplejidad.
En “Stravanganza” todo es bizarro, desde su concepción cristalina, indisociable de los efectos que suscita el fenómeno Tinelli desde la televisión vernácula.
Aún cuando “Stravaganza” propone como elemento aglutinador al agua y construye para ello una ingeniería que obliga a escenarios hidráulicos que se elevan tres metros sobre el piso y asumen posturas perpendiculares, la existencia de una pileta, y pilotos para los asistentes de las primeras filas, el espectáculo se impone por su diversidad y la sucesión indisoluble de números coreográficos, coreográfico- circenses, musicales, humorísticos.
Desde un malambo pop bailado por un escultural varón con vestido femenino de lentejuelas, pechos y piernas al aire, hasta Cinthia Fernández descendiendo desde el cielo en un unicornio o una inmensa esfera acrílica en la que baila suspendido Mendoza como si fuera un ser de una galaxia acuático-espacial, todo es posible en “Stravaganza”, un nombre que remite a algo extraño pero también a algo pretendida y fallidamente refinado, brilloso, corporal.


      
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