Martes 22 de Enero del 2019



Costumbres para recibir el Año Nuevo

En algunos lugares, el comienzo del año se festeja con la tradición de las 12 uvas: en el sitio que ocupa cada comensal se coloca previamente un pequeño frutero con 12 uvas y, de acuerdo con el ritual, se debe comer una uva por cada una de las 12 campanadas del reloj.

28/12/2015


 En algunos lugares, el comienzo del año se festeja con la tradición de las 12 uvas: en el sitio que ocupa cada comensal  se coloca previamente un pequeño frutero con 12 uvas y,  de acuerdo con el ritual, se debe comer una uva por cada  una de las 12 campanadas del  reloj. El significado de este ritual se relaciona con las aspiraciones y anhelos de cada  participante y con el deseo expreso de que se conviertan en  realidad. A continuación, se sigue con costumbres más habituales: comienzan los brindis,  se exponen los buenos propósitos de alcanzar alguna meta  específica hasta que, entonces  sí, se disfruta de la cena de fin  de año. Aflora así la añoranza  de un año que termina y la esperanza de alcanzar mayor  éxito durante el año que comienza.

Tarde o temprano, todos los  pueblos del mundo se dieron  cuenta de que, transcurrido  cierto tiempo, las estaciones  solares repetían su cauce luminoso. Los cultivos volvían a  crecer y las lluvias retornaban  para regar las nuevas semillas.  Así, el hombre fue constatando el eterno retorno hacia el  punto inicial.
Hace 4000 años los babilonios  vieron en esta repetición de las  estaciones un motivo digno de  celebrarse e instauraron un ciclo festivo que dejaría corta la  juerga más movida de nuestra  época: eran 11 días de celebración, que comenzaban cuando  la primavera describía sus primeros trazos entre los jardines  colgantes de Babilonia.
Los egipcios también recibían  con algarabía las señales que  preludiaban el nuevo año. Su  rostro se tornaba festivo cuando llegaba el ansiado momento en que el río Nilo empezaba  a crecer y el caudal se hacía  propicio para la siembra. Entonces, la tierra era labrada  con confianza en los tiempos  venideros.
Desde siempre, el nuevo año  ha significado el festejo de un  triunfo inexistente, una victoria que se desea pero aún no  ha ocurrido, un elogio a la esperanza que se renueva cada  365 días.
En las diferentes culturas de  todos los tiempos los cambios  de ciclo han llevado implícitos  ritos que atraen salud, amor y  dinero, los tres pilares básicos  de la felicidad del hombre. Por  eso, no es extraño encontrar  ritos ancestrales, propios de  cada cultura y pueblo, que  busquen la felicidad, el éxito y  la abundancia.
La espera de fin de año es especial en Venezuela. Antes  que den las 12, las familias se  reúnen en sus hogares y preparan la hallaca, una especie  de humita exuberante, repleta  de condimentos y relleno especial, que se regala a los amigos durante la noche de víspera de Año Nuevo. Es una forma de reafirmar la amistad y  de desear buena suerte para el  próximo año.
En Alemania desafían al destino mediante la “ceremonia”  del bleiglessen. Este ritual consiste en develar los misterios  del futuro con una barra de  plomo. El plomo se pasa por  una soldadora, se funde hasta  hacerse agua y las gotas plateadas se vierten en un vaso  cuando el alba empieza a despuntar. El plomo líquido se  vuelve sólido nuevamente y  alcanza formas extrañas que  -con una buena dosis de imaginación germánica- pueden  predecir lo que depara el mañana.




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