Martes 22 de Enero del 2019



Los perros son más listos de lo que creíamos

Multitud de estudios y experimentos respaldan lo que ya sospechaban sus amos: a veces, a los perros solo les falta ponerse a hablar. Han estado presentes en las grandes hazañas humanas de la historia:

14/12/2015


Había perros a bordo de las carabelas de Colón, en la conquista del Polo Sur, en el primer  viaje de un ser vivo alrededor  de la órbita terrestre y hasta en  la operación de captura de Bin  Laden. Aun así, estos animales  domésticos no son simples herramientas o máquinas de trabajo vivientes. Hasta hace bien  poco, no sabíamos demasiado  sobre la inteligencia de los Canis lupus familiaris, ni sobre  cómo ven el mundo. Pero en  los últimos años, las investigaciones en este campo se han  acelerado y se ha podido comprobar que sus capacidades  cognitivas se asemejan a las de  un niño. Desde principios del  siglo XX se sabe que los canes  poseen una capacidad prodigiosa para retener y recuperar  información. Por ejemplo, un  border collie superdotado llamado Chaser, de Carolina del  Sur, reconoce más de mil objetos por su nombre. Además,  los recuerda meses después.  Los experimentos, efectivamente, demuestran que asimilan vocabulario de una manera  semejante a los niños: mediante la inferencia y la exclusión.  Algunos perros incluso son capaces de relacionar las etiquetas abstractas con objetos concretos.

El psicólogo Paul Bloom, de la  Universidad de Yale, en New  Haven, puso a prueba empíricamente la citada facultad de  exclusión mezclando libros y  juguetes que los animales no  habían visto antes. Si al ejemplar investigado se le ordenaba ‘agarra el juguete‘, se dirigía  a cualquiera de los artículos  que servían para jugar. Luego,  cuando se le decía ‘agarra un  no juguete‘, siempre traía un libro. En otros experimentos, en  vez de hablarles, se les enseñaba la réplica de un objeto.  Los sujetos volvían a acertar en  todas las ocasiones. Los perros  también son capaces de copiarnos e imitarnos, algo que  muy pocos animales consiguen y que es fundamental en  el aprendizaje social. Aunque  no lo hacen de manera espontánea, como los grandes simios, sí poseen una habilidad  innata para ello. En una ocasión, los científicos condicionaron a un grupo de canes a  abrir una puerta empujándola.  La mitad recibiría un premio  por emular a los humanos,  mientras que el resto fue incentivado para que lo consiguieran mediante sus propios  métodos. ¿Resultado? El grupo  de imitadores aprendió mucho  más rápido. O sea, los perros  no abordan este tipo de problemas mediante el ensayo y  error: pueden resolverlo de  manera inmediata si ven a alguien hacerlo primero. La conclusión es que la memoria canina es más parecida a la nuestra de lo que se pensaba. De  hecho, también ellos poseen la  modalidad llamada declarativa  o episódica, la capacidad de  recuperar conscientemente recuerdos asociados a hechos o  conocimientos. Plásticas y flexibles, las cuerdas vocales de  los perros les permiten emitir  sonidos con significados que  tanto sus congéneres como los  humanos entienden, ya que  los ladridos varían dependiendo del contexto en amplitud,  duración y tono. Así, se hacen  oír para reclutar a otros de su  especie en caso de peligro e  identifican a los individuos por  los sonidos que perciben, clasificándolos como amigos o  enemigos.




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