Sábado 11 de Julio del 2020



ENFOQUE

“Ser o no ser”

Por José A. Menéndez - Presidente de Fundación Vida - Centro de Atención al Suicida (CAS) Jujuy

15/06/2020


 ¿Habrá imaginado Hamlet (personaje central en la obra de Shakespeare), que aquella expresión tan convulsionada y profunda recorrería el mundo y transitaría más de 400 años de legitimación? Y ser convocada tantas veces para zanjar una cuestión, o un comportamiento donde lo que se juega es el honor, pero mucho más la justicia. ¡Seguramente que no!. La situación planteada es difícil; y, aunque no extrema como Hamlet, la vivimos a diario en acontecimientos pequeños y grandes, que si apreciamos su valor, puede la apertura de conciencia modificar el eje de la discusión o escenario, enriqueciendo lo que toca. Por el momento, no está en cuestión apreciar su carácter y consecuencias, sí en cambio, prima la conveniencia de un resultado. Esto llevó a la construcción de una sociedad amasada por la mediocridad, donde lo material es lo más importante y convocante, el resto, ¿a quién importa?. Cuando Hamlet gravemente se cuestiona, abre desde la metafísica un interrogante a filósofos y letrados en la construcción de un momento único por lo difícil de la decisión. En el drama de William Shakespeare todo termina mal, pero más allá de ello, la verdad pasa por destacar el razonamiento, que con las emociones y sentimientos adosados acosan en ese poder al ser. Y lo que se puede entender por comprensible y lógico, no siempre es correcto y aceptable. Vamos al presente. “Ser o no ser” mira la crisis temporal como advenimiento desconocido y desubicado, porque todo, parece que da igual. No existe un ejercicio ético que permita mirar extrañado su dilapidado comportamiento. Pero, por la trascendencia que llega a generar, enclavado en el corazón mismo de una decisión, la cuestión toma visos

de suma importancia. En esto, obviamente no me estoy refiriendo a Hamlet, más bien estoy pensando en las veces que cambiamos el honor por unas monedas (y no es que el honor tenga un precio), pero si implica una actitud negativa que echa raíces y se transforma en un mal de curación complicada, o una vida rifada miserablemente. Cuando mentimos a la propia conciencia, dejamos de “ser”, omitimos su elevado alcance, y pagamos muy caro lo que viene a continuación, descrédito y desvalorización del Yo. “Ser” es una gracia incuantificable con la que aterrizamos
en el mundo, lo que luego hacemos con tamaño proyecto es propia responsabilidad. Malversar su alcance y significado cuanto menos es de lego o necio, por otro lado ¡tristemente frecuente!. Es innegable que la capacidad de crecimiento permite dimensionar su valor, y está ligada a herramientas que tienen su fuerza en la construcción y desarrollo de una personalidad basada en el carácter y el temperamento de una muy clara e innegociable dignidad. Como vemos, intentar “ser” no es para distraídos ni abúlicos. Es vivir con el irrenunciable derecho de constituir un ciudadano con la frente alta y la mirada en el cielo. Será por esa consideración, que en Grecia se insistía sobre ello. Píndaro, muchos años antes, por ejemplo, afirmaba: “Se lo que eres”. Sobre esa base, Shakespeare elabora un magnífico complemento hacia el año 1600 recurriendo a tan famosa controversia, y deja en el tapete, para la posteridad, menudo discernimiento. 




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