Martes 14 de Julio del 2020



SEMANA SANTA EN JUJUY

“Desde lo alto de la cruz Dios manifiesta su infinito amor”

11/04/2020


 Ayer, la Iglesia Católica conmemoró el Viernes Santo, día de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo. El Obispo de Jujuy, en su reflexión para la jornada de ayer, expresó lo siguiente: “Con profunda veneración escuchamos el breve relato de la muerte del Señor Jesús en la cruz. Y como nos

enseña San Ignacio de Loyola, nos ayudó meternos en la escena entre los personajes. Entre María y Juan, entre los soldados romanos, entre las mujeres que acompañaban al Señor Lo contemplaremos mejor “desde dentro” y nos iremos poniendo en el lugar del personaje que exprese
mejor nuestros sentimientos en esta terrible hora. Ha llegado para Jesús “la hora” tan esperada: la hora del sufrimiento y de la gloria: el odio del mundo condena a muerte de cruz a Jesús, pero desde lo alto de la cruz Dios manifiesta su infinito amor. Esta es la revelación más espléndida del
misterio de Dios. En esta entrega divina contemplamos la Gloria de Dios. Al ser elevado en la cruz, se cumple la escritura (“Cuando sea levantado en alto atraeré a todos hacia mi”). En el momento de la muerte de Jesús nace la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios confiado a la maternidad
de la Virgen Madre. Del agua y de la sangre que saldrán del costado abierto del Salvador nace la Iglesia, que regenerada en el sacramento del Bautismo y alimentada con la Eucaristía celebrará a lo largo del tiempo la Pascua del Cordero de Dios que quitó los pecados del mundo. Ayer,
Viernes Santo fue -seguramente- inolvidable para el mundo que sufre por el azote de la peste. Unimos todos los dolores y las angustias de los hombres, de los que creen y de los que no creen, porque en el fondo todos somos tan humanos, los unos como los otros. Los que tenemos la fe podemos mirar a Jesucristo sabiéndolo cercano y compañero “varón de dolores y acostumbrado al sufrimiento” (como tantos pobres en este mundo de tantas pobrezas que abundan en tantos corazones) y abandonarnos en Él dejándonos abrazar por su amor. La Iglesia nos invitó a un gesto excepcional: besar la Cruz. En la celebración litúrgica de la Pasión, el rito previó que se vaya ingresando lentamente la cruz, exclamando tres veces: “Miren el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. Y el pueblo respondió: “Adoremos al Señor, nuestro Dios”.
Y cuando lentamente se desveló la cruz, mirando esta escena de sufrimiento y martirio con una actitud de adoración, pudimos reconocer al Salvador en ella. Ver al Omnipotente en la escena de la debilidad, de la fragilidad, del desfallecimiento, de la derrota, ese fue el misterio del Viernes Santo al que los fieles nos acercamos por medio de la adoración. La respuesta “Adoremos al Señor, nuestro Dios” significó ir hacia él y besar. El beso de un hombre lo entregó a la muerte; cuando fue objeto de nuestra violencia fue cuando fue salvada la humanidad, descubriendo el verdadero rostro de Dios, al que nos podemos volver para tener vida, ya que sólo vive quien está con el Señor. Besando a Cristo, se besan todas las heridas del mundo, las heridas de la humanidad, las recibidas y las inferidas, las que los otros nos han infligido y las que hemos hecho nosotros. Aún más: besando a Cristo besamos nuestras heridas, las que tenemos abiertas por no ser amados. Vivamos, entonces, hermanos este beso de adoración como un profundo encuentro de amor: que se abracen y se besen para siempre “la miseria y la misericordia”. Te pedimos Jesucristo, Amor crucificado hasta el fin del mundo en los miembros de tu cuerpo, que podamos comulgar hoy con tu pasión y tu muerte para poder gustar tu gloria de resucitado. 




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