Viernes 15 de Febrero del 2019



Las cenizas de Jaime Torres llegan al Jujuy de sus amores

13/01/2019


 Jaime Torres amó a Jujuy, particularmente a Humahuaca con todo su ser, es por eso que su última voluntad fue que sus cenizas descansen en ese pueblo, rodeado por los cerros y la música que el viento crea golpeando en ellos. Tantas veces Humahuaca lo cobijó, tantas veces ese viento fue despeinándolo en esas tocadas junto a amigos entrañables como Jaime Dávalos o el Cuchi Leguizamón, que ahora será esa misma tierra la que eternamente lo siga abrazando.
Juan Cruz Torres, su hijo, radicado junto a su familia desde hace tantísimos años en la Humahuaca de su corazón, será quien llegue hoy a primera hora con sus cenizas. Desde el Aeropuerto “Dr. Horacio Guzmán” partirán a Humahuaca.
Jaime Torres deja un legado inmenso. El hombre que hizo conocer al charango en el mundo, que recibió -en su partida- homenajes desde lugares impensados de este planeta; que pensó que Humahuaca necesita una casa de la cultura en la que los niños se formen en distintas lides culturales y musicales; que gustaba de andar por esas calles y captar los sonidos que luego traducía en notas que paseaban por los escenarios más grandes del universo, eligió ese pedacito de terruño amado para su último descanso.
Son quienes quedan, amigos de la Casa del Tananakuy, colaboradores que desde hace más de 45 años sostienen con labor desinteresada ese espacio musical que se creó con el Tantanakuy y principalmente sus hijos, los que sigan adelante para que los sueños de un hombre visionario sigan impulsándose con mayor fuerza cada año.Tanto amor deja Jaime Torres en Humahuaca que uno de los primeros charangos -el realizado por su padre ebanista- fue donado al Municipio humahuaqueño el año pasado durante la realización del Tantanakuy Infantil. “En un acto en el que estuvimos junto a Juan Cruz, Aldana, Ricardo Acebal y yo, se entregó el charango que fue enviado por Jaime cuando ya, me parece, intuía no iba a volver. Con él entregó su espíritu, depositó su alma allí”, dijo Beatríz “Negrita” Cabana, una amiga no sólo de Jaime, sino también de su familia que trabajó (y lo seguirá haciendo) desde lo social con “el maestro”.
Desde los años ‘50, el jovencito que a los 5 años ganó su primer premio como músico, fue cumpliendo sueños y afirmando el concepto de que la cultura y la música andina debía conocerse en forma universal, fue esa la consigna a iniciar el camino para que al charango se lo reconozca en todo el mundo.
Su vida fue un continuo tantanakuy (encuentro) y fue quien hizo de Jujuy en general y de Humahuaca en particular, un lugar al que todos querían llegar, por lo menos todos los que junto a él compartieron escenarios, charlas, vida y que al escucharlo se iban enamorando de nuestros (de “sus”) paisajes.
Jaime Torres vuelve, en las manos de su hijo, y esta vez es para no irse más y custodiar su legado.




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