Miércoles 13 de Noviembre del 2019



SE RECORDO EL DIA DEL TEATRO NACIONAL

Carlos Fos reflexiona en Un día, todos los días

03/12/2018


 El doctor en Antropología Cultura,  Historiador teatral Carlos Fos reflexionó sobre el teatro nacionalal recordarse su día.
“El teatro se manifiesta como una  fuente de vida, imprescindible para  que las comunidades se expresen en  un espacio de creatividad en los que  identidades y memorias juegan un  rol trascendente. Es esa pequeña rebelión de los cuerpos encarnados poéticamente que reivindica la celebración ritual. Y allí el teatro se presenta  con su fuerza arrolladora.
En Buenos Aires, cuando era una  pequeña localidad de menos de cuarenta mil habitantes esta manifestación aparecía en las mascaradas teatrales y bailes de carnavales de la comunidad africana y en  acontecimientos puntuales inorgánicos. El siglo XVIII llegaba a su fin y  la gestión progresista del virrey Vértiz dio un paso fundamental al auspiciar la creación del primer espacio  dedicado a la práctica escénica. Con  el nombre de Teatro de la Ranchería  nacía el 30 de noviembre de 1783  una sala precaria que testimonió la  unión indisoluble entre el público  porteño y el teatro. Esa fecha, elegida para conmemorar el Día del Teatro Nacional, se convirtió en puerta  para un devenir sorprendente de crecimiento constante.
La avalancha inmigratoria operada  en las últimas décadas del siglo XIX  y continuada en el siguiente, cambió  el rostro del país, no sólo en su estructura social sino en las construcciones culturales. Por supuesto, el teatro local no quedaría indemne ante  este fenómeno que transformaba a  las ciudades puertos en metrópolis.  Las formas nativistas y costumbristas propias de la adecuación del gaucho, devenido en peón bueno, dieron  paso a la producción sainetera en sus  múltiples formatos, ideal para consolidar con otras poéticas a un sistema  que crecía año tras año. En los sainetes festivos, los arquetipos, ya construidos y fijados en el imaginario colectivo, tienen un idiolecto particular. Ese teatro de grandes compañías  abrevó en el grotesco, en el melodrama, en la comedia de diferentes formatos y en la revista, generando un  caudal de espectadores que superó  los seis millones en los años veinte  del siglo pasado. El nacimiento del  teatro independiente en los inicios de  la década del 30 apostó por las construcciones colectivas, entendiendo  que sus miembros eran agentes culturales modificadores del contexto  que integraban. Dieron, así, su pasión y su entrega en cada acción,  promoviendo un espacio de producción dinámico, original y de experimentación constante. El Estado llegaría como protagonista y su presencia se convertiría en impulsora de  múltiples acontecimientos en salas  propias o otros lugares. Esta riqueza  manifiesta se multiplicó con lenguajes propios en todo el país y entrega  hoy una escena en la que dialogan  múltiples estéticas, diversas concepciones de teatro que enriquecen al  medio y le permiten, si reflexiona,  desplegarse en un fantástico abanico  de poéticas, que invitan a acercarnos  al fogón creativo.




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