Miércoles 23 de Enero del 2019



barrio familias unidas

Un ejemplo para un mejor Porvenir

Un grupo solidario busca generar alternativas laborales para las 1.200 familias que viven en la zona, en su mayoría dedicadas a la olería.

13/08/2015


El barrio El Porvenir II “Familias Unidas” se encuentra a unos trece kilómetros de Posadas. Allí residen al menos unas 1.200 familias que en su mayoría tienen como único oficio la olería. “Estas familias están compuestas por tíos, abuelos, padres, cuñados y comparten un mismo ingreso que a veces no les alcanza ni para comer”, contó Félix Valiente, quien colabora en la construcción de tres aulas para dictar oficios alternativos. 


Los caminos de El Porvenir II son de tierra. Y las casas, en su mayoría hechas en madera. En el patio de cada predio se ven hornos y pilas de ladrillos.

Tras recorrer el barrio, se deja ver la ermita de San Expedito, creada en el 2003 por un grupo de seminaristas que notó la falta de una capilla. 

En ese mismo predio, un grupo de personas solidarias, en su mayoría devotos del Santo comenzó la construcción de tres aulas, con un objetivo: “Dictar oficios que dignifiquen a las personas. Mostrarles que existen otras oportunidades y no sólo la olería, o los planes. Que si bien facilitan un poco, no lo son todo. Nosotros lo estamos logrando con mucho sacrificio y gusto. Venimos al barrio después de cruzar kilómetros, y lo hacemos para cambiar esta realidad. Esa es la idea, de que puedan superarse y les estamos mostrando que existen otras formas”, contó Lorena Ferreyra, docente de Educación Especial que dicta clases en las aulas, aún sin terminar. 

En esas aulas sin puertas ni ventanas, asisten más de 45 jóvenes y adultos que están aprendiendo a leer y escribir. Allí nueve docentes enseñan oficios desde carpintero a electricista, albañil, niñera, corte y confección.

Pero además, en esa capilla, los sábados acuden unos setenta niños para recibir el desayuno y almuerzo. 

Lo notable es que este grupo de personas solidarias, compuesto por un número que no alcanza a veinte, entre ellos ingenieros, docentes, arquitectos y devotos de San Expedito, no reside en el barrio.“Todos viajamos kilómetros. Nos turnamos para ir, y lo bueno es que los devotos del Santo siempre colaboran”, detalló Valiente. 

Construirán una gran capilla 

En 2003 el grupo de seminaristas, luego de recorrer la zona, dio a conocer la realidad del barrio y de su gente. “Y se formó una comisión, conformada por gente que de forma desinteresada comenzó a ayudar. Al obispado le dieron el espacio y al poco tiempo se hizo un tinglado, que voló porque estaba mal colocado. Pero se volvió a hacer otro para la ermita de San Expedito”, explicó Ferreyra que desde el 2008 dicta clases en El Porvenir II.

Por su parte, Valiente explicó que primero “empezamos por la ermita y ahora, comenzamos a hacer las aulas”. Y siguió “la gente está muy contenta, esperando que le demos una mano, y lo ven como una oportunidad que le da la vida. Lo ven así y agradecen. Porque ellos no tienen una salida laboral más que la de oleros y pretendemos brindarles conocimientos de oficios para que puedan acceder a un empleo en un futuro”.

Por día viaja 26 kilómetros 
Lorena Ferreyra es docente en el barrio El Porvenir II de lunes a viernes. Y los sábados coordinadora de Catequesis. “Hago trece kilómetros para venir y otros trece para volver a casa. Y lo hago feliz porque el sacrificio va dando resultados”. 

La joven maestra contó que junto a nueve docentes enseñan a leer y escribir a los adultos. 

Los muebles, que fueron donados por los devotos de San Expedito, están guardados en un galpón. Cuando llega la hora, los alumnos retiran las mesas y las sillas. Y en orden los ubican para comenzar la clase. Una vez finalizada, nuevamente guardan las mesas y sillas en el depósito. Hasta la próxima clase.

“Los guardamos para que no se deterioren” especificó Lorena. Y aclaró que “en el barrio hay respeto por este espacio, los vecinos cuidan los materiales, podemos dejar las cosas, pero sabemos que hay que cuidarlas y por eso tenemos un galponcito. Todo fue donado por la gente solidaria así que es doble el cuidado que le damos”. 

La docente explicó que “sin este espacio iba a ser imposible dar los cursos. Es decir, los docentes estamos, los alumnos también y son muchos los jóvenes y niños que asisten. Eso sí, el espacio físico falta terminar y lo estamos consiguiendo. Hay mamás que vienen con sus hijos a la clase, ellas quieren seguir un estudio, son más de 45 entre primaria y secundaria, con días y horarios distintos. Ellos agradecen que existan estás aulas”. 




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