Jueves 20 de Febrero del 2020



CON RESIDENCIA EN NUEVA YORK

EE.UU. negó entrada y deportó a un argentino

Un curador de arte argentino con residencia legal en Estados Unidos denunció ayer que fue detenido e interrogado en un aeropuerto norteamericano y, tras 14 horas, deportado a Buenos Aires, en el primer caso conocido de un argentino expulsado de ese país desde que Donald Trump prometió reforzar los controles migratorios.

01/03/2017


Un curador de  arte argentino con residencia legal en Estados Unidos denunció  ayer que fue detenido e interrogado en un aeropuerto norteamericano y, tras 14 horas, deportado a  Buenos Aires, en el primer caso  conocido de un argentino expulsado de ese país desde que Donald Trump prometió reforzar los  controles migratorios.

El veto inmigratorio decretado  por Trump contra refugiados y  ciudadanos de siete países de mayoría musulmana fue suspendido  hace casi un mes por la Justicia  federal estadounidense y desde  entonces el flamante gobierno republicano no emitió nuevas prohibiciones.
Sin embargo, en varios discursos el mandatario advirtió que las  autoridades fronterizas están aumentando la vigilancia y los controles.
El viernes pasado, Juan García  Mosqueda, un reconocido curador de arte, voló de Buenos Aires  a Nueva York, la ciudad donde  vive legalmente desde hace diez  años y donde se encuentra su galería, Chamber, una de las paradas frecuentadas por la vanguardia cultural que domina el moderno barrio de Chelsea, en el  suroeste de Manhattan.
Ni bien aterrizó en el aeropuerto  neoyorquino JFK, guardias fronterizos lo detuvieron y escoltaron  hasta una sala de interrogación.
García Mosqueda no explicó  cuál fue el argumento que le dieron los guardias fronterizos estadounidenses para negarle el ingreso al país o, siquiera, si le dieron uno.
“El proceso fue deshumanizante  y degradante en todo momento”,  contó en una carta abierta publicada ayer por su galería neoyorquina en su cuenta de Instagram.
“Me interrogaron bajo juramento y me amenazaron con la posibilidad de prohibirme la entrada  al país durante cinco años. El  guardia fronterizo me negó el derecho a un abogado y argumentó  con arrogancia que los abogados  no tienen ninguna jurisdicción en  las fronteras”, continuó.
“Durante las próximas e insorportablemente dolorosas 14 horas, me prohibieron el uso de  cualquier tipo de comunicación y  el acceso a mis pertenencias, que  fueron ferozmente examinadas  sin ningún permiso. Me negaron  comida. Me cachearon tres veces  antes de poder ir al baño, en donde no tuve ninguna privacidad y  estuve bajo vigilancia constante  de un guardia”, agregó.
El curador de arte dirigió esta  carta a todos sus amigos estadounidenses y les pidió que “contacten a su congresista y presionen  por una reforma migratoria”.
“Presionen por un sistema que  no aliene, intimide y ataque a los  extranjeros, sino que por el contrario les dé la bienvenida e incentive a ciudadanos de todo el  mundo a seguir invirtiendo y contribuyendo a su hermoso país”,  instó el argentino.
A los 29 años, García Mosqueda  estudió en la Escuela del Instituto  de Arte de Chicago, trabajó en el  departamento de arquitectura, diseño del museo MoMA de Nueva  York y formó parte del equipo del  conocido diseñador estadounidense Murray Moss.
En 2014 fundó la galería Chamber en el barrio de Chelsea, un espacio que combina una fachada  futurística con un interior ecléctico que busca recordar los antiguos salones de estar. El local no  es fácil de encontrar porque se  encuentra justo debajo del paseo  aéreo que recorre parte del suroeste de Manhattan, The High Line.
Hoy, jueves, el curador y fundador de la galería tenía planeado  oficiar de anfitrión para la apertura de su nueva exposición, Domestic Appeal.
Pese a sus esfuerzos, no podrá  asistir. Está en Buenos Aires “intentando tramitar su reingreso a  Estados Unidos”, según una declaración escrita que envió su galería en Nueva York.
En este texto, García Mosqueda  agradeció “el tremendo apoyo  que recibió” desde que publicó su  carta abierta, “no sólo de la comunidad de diseño en Nueva  York, sino de gente de todo el  mundo”.
“Mi razón para compartir mi experiencia fue echar luz a la situación actual que enfrentan inmigrantes de todo el mundo”, explicó desde Buenos Aires, donde  vive su familia, dueña de Casa  Cavia, una conocida casona de  Palermo completamente restaurada donde funciona un restaurante,  un bar, una florería, una perfumería y hasta una editorial. 




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